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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 2

Alrededor había varios guardaespaldas uniformados con trajes oscuros y lentes, y para su sorpresa, unos cuantos tipos de aspecto callejero que desentonaban por completo, tanto hombres como mujeres. Tenían caras de pocos amigos y uno de ellos incluso llevaba los brazos completamente tatuados.

Mateo, al ver semejante despliegue, miró al señor Silva:

—Papá, ¿qué pasa que hay tanta prisa? Faltaba muy poco para que termináramos de firmar.

Estaba un poco irritado; sentía que, sin importar lo urgente que fuera el asunto, podrían haber esperado unos minutos más.

El señor Silva fue cortante:

—Mejor que no lo hayan hecho. Acompáñame adentro.

Sin decir más, él y doña Mercedes se dieron la vuelta y se dirigieron a otra habitación. Dos guardaespaldas se acercaron a Mateo:

—Joven, por favor.

Mateo palideció de golpe y murmuró una maldición por lo bajo:

—¡Pero qué demonios!

Aunque lo dijo, ya podía sentir que algo andaba muy mal, así que terminó siguiendo a los escoltas.

Úrsula observó cómo se llevaban a su esposo recién estrenado de una manera bastante descortés.

Había una tensión palpable flotando en el pasillo.

Apretó los labios y caminó hasta donde estaba su padre, Wilfredo, que se mantenía en un rincón apartado:

—Papá, ¿Mateo hizo algo malo?

Wilfredo murmuró:

—Efectivamente, hay un error garrafal, pero esto no afectará tu posición en la familia Silva. No te hagas ideas raras.

No fue directo, como si estuviera esperando un veredicto final para que las aguas se calmaran.

Úrsula no preguntó más y se quedó parada en silencio detrás de él.

Este hospital también pertenecía a la familia Silva. En ese momento, no había ningún paciente merodeando cerca de la zona; solo estaban esos guardaespaldas con caras de piedra, bloqueando el área por completo.

Nadie dijo una palabra. El silencio era espeluznante.

No supo cuánto tiempo pasó.

Úrsula se apoyó contra la pared.

Normalmente no usaba zapatos de tacón alto, pero como hoy era un día especial por la firma del acta, se había puesto el par que su mejor amiga le había regalado como obsequio de bodas justo antes de salir de casa.

Tras estar parada durante tanto tiempo, aprovechó que nadie la miraba para estirar el pie disimuladamente.

Capítulo 2 1

Capítulo 2 2

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