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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 151

Mientras hablaba, se puso de pie, tomó una copa de la mesa y se la entregó a uno de los chicos.

—Ve, acompáñala un rato a la preciosa del sofá —le ordenó.

El chico, muy obediente, tomó la copa y caminó directo hacia Úrsula Valdés.

Úrsula vio cómo Elena se daba la vuelta, abrazaba a otro de los chicos y se sentaba con él en el otro extremo del sofá. Por su soltura, era evidente que frecuentaba el lugar. Al mirar alrededor, notó que las demás hacían exactamente lo mismo.

No pudo evitar levantar la vista hacia su amiga.

Elena, con la barbilla apoyada en la mano, observaba relajadamente al guapo chico a su lado mientras él tomaba su bebida. Le guiñó un ojo a Úrsula y articuló en silencio: Inténtalo.

Era la primera vez que Úrsula veía algo así; sin duda, le estaban abriendo la puerta a un mundo completamente nuevo. Su mirada seguía fija en Elena cuando, de repente, el chico que se le había acercado habló.

—Hola, preciosa. ¿Es tu primera vez saliendo a divertirte?

Úrsula reaccionó y lo miró.

El chico le ofreció una sonrisa tímida, pero sus movimientos delataban su experiencia. Se llevó el borde del vaso a los labios e inclinó la cabeza para beber, pero la mayor parte del líquido terminó derramándose sobre su pecho. La tela de su camisa, fuera cual fuera, se volvió transparente al instante, delineando sus pectorales.

Úrsula se quedó atónita ante su descaro.

Con una sonrisa, el chico intentó tomarla del brazo para presentarse.

—Me llamo Fabio.

Úrsula se apartó rápidamente, sacudiéndose el brazo antes de que él pudiera tocarla.

—Siéntate un poco más lejos, por favor.

Fabio bajó la mirada con expresión de cachorro regañado, soltó un quejido y dio un diminuto paso hacia un lado, a regañadientes.

El corazón de Úrsula latía con fuerza. Aferró su copa de manera táctica, usándola como escudo, y de vez en cuando echaba vistazos hacia donde estaba Elena.

El modelo frente a su amiga ya se había quitado la camisa y le bailaba moviendo las caderas.

Definitivamente, no debería estar mirando eso.

—Preciosa, ¿por qué te fuiste tan rápido si ni siquiera te he bailado? —se quejó con un tono lleno de lástima.

El aire se llenó de un silencio sepulcral e incómodo.

Al no recibir respuesta, Fabio deslizó lentamente la mirada hacia el hombre que estaba al lado. Al notar que era bastante atractivo, sus alarmas internas se encendieron.

—¿Y tú quién eres? Que quede claro, ella me eligió a mí primero —dijo, dando dos pasos al frente, enderezando la espalda para encarar a ese desconocido.

Al ver esto, Lucio, con las manos en los bolsillos y una postura relajada, le echó un vistazo a la chica a su lado.

Úrsula giró el rostro, consumida por la vergüenza.

Lucio frunció el ceño y soltó una carcajada seca, fijando su mirada en Fabio. Recargado en la pared, respondió con un tono indiferente:

—Soy su marido en papel.

Apenas pronunció esas palabras, Fabio se dio la media vuelta y salió corriendo a toda velocidad. En su línea de trabajo, lo que más temían era recibir una golpiza.

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