30
Aarón Sullivan
“Soy tu esposo”
Quiero decirlo…
Deseo tanto decirlo…. Pero sé que si lo hago, Romina jamás me lo perdonará, sus ojos se encuentran fijos sobre mi pecho entre tanto su cabeza está casi escondida de la visibilidad de su padre. Me quiero reír porque tanto que me dijo anoche que no hiciéramos obvio nuestro matrimonio y fue ella misma la que ha delatado notoriamente nuestro secreto.
Harold Western camina engalanado por su oficina hasta que llega delante de mí, pero como era de esperarse no le permito llegar hasta mi amada esposa—Es una joya de mamá, ¿Bárbara no te dijo que se la regaló?—Mis cejas se elevan rápidamente para que mi pequeña asienta y me ayude a salir pronto de esta peligrosa encrucijada.
—Si no te gusta que tu mujer me regale cosas…—respondió nerviosa Romina. Di un paso hacia adelante al verle el intento de sacarse mi anillo de bodas pero se detiene cuando su padre hace una mueca de desagrado y desfachatez—Aarón me ha cuidado mejor que tú durante todos estos años…—Mi suegro se sentó de golpe sobre su silla de cuero giratoria y tirando así un poco del nudo de su corbata que al parecer le apretaba demasiado o quizás sólo haya sido su maldita conciencia que lo estaba asfixiando.
—¿Quieres que te aplauda por llevar una maldita vida de adulto? Tu madre tiene la culpa por haber parido una estúpida mujer en vez de darme un hombre, ¡Mi vida hubiese sido mil veces mejor si no tuviera que cuidar a una inútil como tú!—Romina palideció logrando así tambalear bruscamente su cuerpo cuando las palabras duras y salvajes de su propio padre llegaron hasta sus odios.
—¿Inútil? ¡Inútil, tú, Harold Western!—Bobbie me miró y negué al verle la intención de intervenir en esta pelea que sólo les competían a ellos dos—¡Te crees Dios en esta universidad cuando todos sabemos que lograste todo por la ayuda de mi madre! Todos lo sabían, tu familia sabía que jamás serías capaz de mantener el legado que te había dejado mi abuelo, pero confiaron en ti gracias a mamá… No eras nadie sin ella y siguen siendo un bueno para nada que lo único que ha hecho en esta vida es gasta oxígeno que podría servirle a otro ser vivo…
Las mejillas pálidas de Romina ahora se encontraban completamente enrojecidas por la ira que se había acumulado sobre su rostro, su padre golpeó con ambas la madera de su escritorio pero coloqué una posición de macho alfa al ver su intención de golpearla una vez más—¿Hablas de inútil? Eres la única persona en este mundo que piensa que tiene talento, tus diseños son un asco y todos están de acuerdo conmigo, solo te permiten ser participe del desfile de moda de nuestra universidad solo porque llevas mi apellido….
¡Mierda! Tiro del brazo de mi mujer al verle llorar desconsoladamente, mis brazos rodean con posesividad su cintura para luego besar sin importar que todos me estuviesen viendo su suave y delicada frente.
—Señor…—Mi voz sonó con potencia y masculinidad—La carpeta azul que está sobre su escritorio, allí…—Señalé el teclado de computador—Sé de que son esos papeles…—Harold se quitó en su totalidad la corbata que estorbaba sobre su cuello—No vuelva a buscar a Romina, ahora ella está conmigo y… Y no intente hacerle ningún tipo de mal, no sé… De verdad no sé de qué sería capaz de hacerle si la veo llorar de nuevo por su culpa…
Entrelacé mi mano derecha con la de mi pequeña mujer para luego lanzarle una patada con fuerza a la puerta y obligarla así a salir sin mirar atrás de aquí. Mi rostro me dolía, pero sentía que todo había válido la pena gracias a ella y la forma tan sensual en como entró a la oficina de su padre y me defendió como si fuese lo más impórtate en su mundo.
Sé que me estoy engañando a mí mismo, sé que ella ha aceptado todo esto por despecho, porque siente que lo ha perdido todo y solo yo le he quedado en su vida; sé que debería reprimir este amor, pero ahora más que nunca no puedo. Me detengo un par de pasos antes de llegar a mi convertible pero una voz profunda y dulce me detiene antes de llegar.
Romina me soltó la mano para limpiar su rostro apenas que ambos nos dimos cuenta que Maribel había aparecido repentinamente delante de nosotros—No quería creer en los rumores, Aarón…—El ceño de mi mujer se frunció delicadamente antes de entrar como alma que lleva el diablo dentro de mi coche.
—¿Ahora de que…? —Un puñetazo en mi cara me dejó en silencio, la morena sacó enfurecida de su bolso un par de sobres que no entendía que eran hasta que las fotos de Romina y mías empezaron a caer una tras de otra sobre el suelo del parqueadero para los estudiantes de Western.
—Esto me llegó esta mañana, ¿De verdad me haz dejado por esa simplona? ¡¿Estás demente?! Esa niña está enamorada de otro hombre que no eres tú, pensé… Pensé que yo era especial para ti…—Su llanto fingido me dio asco—Hugo me llamó para preguntar si había visto a Romina, ¿De verdad crees que su relación terminó porque ambos ahora estén separados? ¡Maldita sea! ¡Se aman, se aman! Y sé que en el fondo lo sabes y entiendes que ella jamás será para ti…
Mis manos la empujaron sin pensarlo—Nadie puede separarme de ella, yo…—Maribel sonreía como si no creyera cada una de mis palabras—Romina y yo nos casamos ayer.
—¿Qué acabas de decir? ¿Cómo puede ser eso posible? Me estás mintiendo, ¿No? ¡Lo estás haciendo porque te cansaste de mí! ¿Verdad?—Los dedos de la morena apretaron el cuello de mi camisa para luego zarandearme con violencia, logrando así asustar a mi mujer.
—Me he casado…—Me zafó de su agarre con poco tacto—Y más te vale que no vayas de chismosa donde mi suegro para contarle esto, valora tu vida, por favor…
—¿Me matarás? ¡¿Estás diciendo que me matarás si revelo tu asqueroso secreto?!—El grito de dolor que salió disparado de los labios de Maribel por el agarre violento que acababa de ejercer secretamente sobre su muñeca derecha, me hizo tensar con salvajismo mi mandíbula.
—¿Recuerdas lo que le hice a Bobbie para que se fuera de Western?—mi ex amante abrió los ojos horrorizada—Te haré tres veces algo peor si se te ocurre abrir esa boca sucia tuya, lo del gordo será broma delante de lo que tengo planeado para ti, recuerda… —La empujé hacia atrás— Sé en dónde vives, donde está tu hermano menor y en donde trabaja tu padre, ¿Verdad que no quieres meterte conmigo, cariño…?
—¡Dios! Mira tu cara…—Vociferó la mujer obligándome a girar mi rostro en dirección al espejo retrovisor de mi coche. Mis ojos estaban entre cerrados entre tanto mi ceño estaba completamente fruncido—¡Eres un maldito psicópata!
—¡Buuuu!—Me solté a reír cuando logré atemorizarla, Maribel sostuvo con vehemencia la correa de su bolso y salió disparada alejándose así de nosotros. Hacía tres meses atrás no fue para nada difícil intimidad a Bobbie Tejeiro, su abuela, la cual lo había criado desde pequeño se encontraba recluida en un lugar de paso, ya que su nieto era su único familiar con vida y este no tenía el tiempo suficiente para cuidarla aunque ambos se amaban demasiado; la cara de horror de ese tipo aún golpea mi cabeza cuando le llevé las fotografías de su abuela dormida plácidamente dentro del lugar.
Esa noche lo golpeé hasta más no poder y le dije que si se atrevía a acercarse a Romina una vez más, lo mataría a él y dejaría viva a su abuela solo para hacer su muerte mucho más miserable, pero la vieja murió el mes pasado y este estúpido se siente inmune ahora porque no tengo nada con que obligarlo a salir de mi camino.
—¿Qué te dijo Maribel?—Fue lo primero que me preguntó mi pequeña al verme entrar al coche—¿Me hará la vida imposible? ¿Le dirá a nuestros padres sobre nosotros?—¡Carajo, Romina! ¿Cómo puedes hablar de esta forma así de repente? ¡Nos has llamado nosotros! Maldita sea, tengo una erección ahora mismo por tu culpa. Echo andar mi carro sin ni siquiera responderte porque sé cuanto te enoja esto; necesito manejar lo mas rápido posible antes de volverme loco—¿Crees que papá nos moleste?
Negué sabiendo que sería incapaz de hacerte algo y ahora menos que sabe que está bajo mi poder. Harold Western es un estúpido avaricioso que se está hundiendo poco a poco en el fango él solo. Está haciendo sus robos financieros de las donaciones que muchas entidades del estado están haciendo a la universidad de Western que lo más probable es que pronto dé a parar a la cárcel.
Rayos… ¿Por qué hasta ahora me doy cuenta que mi esposa lleva puesto ese sensual y diminuto vestido?—¿Cuántos hombres hay en tu clase de diseño de modas?
Romina hizo una mueca con su rostro al no entender el punto de mi pregunta—¿Eso que tiene que ver con lo que acabo de decir, Aarón?—Frené el coche de golpe en un baldío desolado—¡¿Qué mierda haces, Sullivan?!—Quité rápidamente mi cinturón de seguridad para acto seguido sujetar con posesividad su nuca para así pegarme velozmente de sus labios.
Romina tensó la mandíbula pero se fue relajando poco a poco cuando mis manos empezaron a tocar cada zona sensible de su cuerpo. Sus labios se separaron para darle entrada a mi fría y viscosa lengua que recorrió cada centímetro de su interior. Ambos nos separamos para tomar un poco de aire.
—Estoy celoso… Estoy tan celoso… Maldita sea…—Volví a besarla pero ahora con el doble de intensidad, mis manos masajearon descaradamente sus pechos y no me detuve hasta que mis dedos lograron pellizcar sus duros pezones—¿Cuántos hombres estudian contigo, esposa mía?
Mina negó intentando respirar normalmente de nuevo—Cinco chicos, tengo a cinco chicos de compañeros…—Quité el seguro del asiento del copiloto para echarlo así un poco hacia atrás y de un solo tirón la encajé entre mis piernas—Tres de ellos no son heterosexuales…
Pestañé con brusquedad al entender que dos de sus compañeros podrían intentar meterse en mi relación con ella, así que empujé mi endurecido miembro hacia su delicada y húmeda entrada—¿Tienen parejas?—Romina negó y me enfurecí—Ignóralos, de ahora en adelante te llevaré a tu salón de clases e iré por ti a la hora de la salida, no quiero que tengas ningún tipo de contacto con ellos, ¿Entendiste?
Arrastré mi mano hacia el bolsillo trasero de mi pantalón para poder sacar así la caja de preservativos que había comprado en la farmacia de la universidad esta mañana. Las mejillas de mi esposa se tornaron rojizas al darse cuenta de que estaba lleno de deseo solo por ella.
—Anoche tuvimos sexo hasta la madrugada de hoy… ¿No me darás un respiro?—Negué colocando un mechón de su cabello detrás de su oreja y besando así su desnudo cuello—¿No deberíamos hablar sobre…?—Las palabras se ahogaron en su boca apenas sintió como subí su vestido hasta su estómago de un solo golpe.
Mis manos dirigieron los movimientos de su pelvis mientras que ambos nos miramos cuando mi mujer sintió repentinamente mi pene endurecido intentando romper toda barrera que me impedía entrar en ella, de un solo tirón liberé sus pechos, introduciéndolos así sin ningún tipo de tapujo dentro de mi boca; Romina tiró violentamente de las hebras negras de mi cabello y gritó extasiada cuando la levanté un poco para poder así encajar el inicio de mi polla en su exquisito coño.
—Espera… Sullivan, espera, alguien podrían…
Sus brazos se debilitaron sobre mis hombros cuando de un solo golpe la penetré hasta el fondo. Mi mujer se quedó quieta quizás intentando acostumbrarse a mi miembro dentro de su vagina pero luego de algunos segundos y para mi sorpresa, mi pedazo de cielo empezó a moverse por sí sola.
—Nena… Tu vagina me está quemando… Dios, ¿Cómo puedes ser tan perfecta…? ¡Ahhhhhhh! ¡Joder, Romina! Muévete así… Sigue moviéndote así… Muéstrame que puedes hacer con este cuerpo tuyo…
Apreté rápidamente los párpados al sentir el eco que provocaba su pelvis contra la mía, mi amada mujer se aferró firmemente de las paredes de mi vehículo para chocar con mayor fuerza contra mi polla. Mis manos agarraron sus caderas las cuales estrujé al tener esa extraña pero deliciosa sensación de que me faltaba muy poco para correrme.
Romina acercó suavemente sus labios hacia los míos y no pude evitar meterle mi lengua hasta lo más profundo de su garganta. Su cuerpo se removía sobre el mío como una pequeña serpiente que deseaba atacar con salvajismo.

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