29
“¿Quién rompió mi vestido?”
Un cálido toque sobre mis mejillas me hicieron removerme aún medio dormida sobre la cama en el hotel donde Aarón y yo habíamos hecho el amor hace algunas horas. Mi ceño se encontraba ligeramente fruncido cuando un cosquilleo se apoderó de mis mejillas obligándome a abrir los ojos de golpe.
Sullivan me sonrió apenas sus ojos y los míos se unieron y tuve que apartar la mirada al recordar todas las cosas obscenas que hicimos en este mismo lugar—Cielo, tenemos que viajar a Madrid, hoy a medio día tienes exámenes y yo debo visitar a mamá—Un beso repentino en mi frente me hizo estremecer.
—¿Le dirás a tu madre que nos casamos?—El pelinegro negro y pude relajar los hombros de inmediato—Sabes que acordamos no decirles a nadie, ni siquiera Catalina sabrá de nuestro error, ¿Entendiste?—las manos de mi hermano adoptivo dejaron caer una pequeña rosa de color rojo sobre las sábanas que cubrían mis piernas desnudas; podía ver en sus ojos su descontento por mis palabras, pero sabía que él al igual que yo entendía que todo lo que sucedió anoche solo fue producto de nuestro descontrol por el alcohol.
—¿Y si…?—El español agachó la cabeza mientras negaba—¿Y si le digo a todos que eres mi legítima esposa, que harás? ¿Sabes sobre la cláusula de nuestro común acuerdo, verdad? Si solicitas un divorcio antes del año, el estado tomará nuestra unión como un fraude y puede de que vayamos a la cárcel por esto…
Sonreí mostrando ampliamente mis dientes porque no comprendía lo que quería decir del todo—¿Por qué fraude?—Exclamé entre jadeos—¡Le diremos a la Corte que estábamos ebrios y no sabíamos lo que hacíamos! Muchas parejas pasan por las mismas circunstancias, ¿De qué carajos hablas, Sullivan?
—Mi herencia—Su respuesta fue como un golpe fuerte contra mi rostro que me había dejado casi desahuciada sobre el suelo del hotel—El testamento de mi abuelo dice que seré el único heredero de toda su fortuna si me caso, ¿Qué crees que harán los miembros de la poderosa familia Sullivan cuando se enteren que mi esposa no me ama? Me acusara de mentirle para obtener el dinero de Gregorio bajo una cruel mentira…
—¡Pero cometimos un error! Anoche… Anoche…—Las manos de mi hermanastro sostuvieron con vehemencia mis mejillas obligándome así a observarle a la cara—¿Cuánto tiempo tengo que ser tu esposa? ¡No quiero ir a la cárcel pero tampoco quiero mentirle a las personas!
Mis piernas se tropezaron haciéndome caer así de espalda sobre la cama, Aarón dejó aún lado los papeles de nuestro matrimonio para luego subirse sorpresivamente arriba de mi estómago. Sus brazos se veían más marcados que nunca bajo aquella camisa azul cielo que se transparentaba un poco por el sudor que nuestros cuerpos estaban emanando.
—No le quieres hacer daño a nuestros padres, a tus amigos e incluso a Maribel, ¿Pero a mí si? ¿No crees que estas cayendo tan bajo conmigo? Me haz roto el corazón tantas veces que ya no las puedo contar con mis manos, mientras que yo lo único que estoy pidiendo es un poco de amor… ¿Soy tan asqueroso para ti? ¿Es eso?
Su labio inferior temblaba ante aquella dura y extraña confesión.
—¡Jamás he dicho eso de ti! Solo que el amor que sientes por mí será castigado por la sociedad, ¿Te haz puesto a pensar que dirán de mí cuando todos se enteren? ¡Nuestros padres están casados y ahora nosotros…!
Sus manos rodearon las mías llevándolas así hacia la altura de mi cabeza—¿Entonces que debo hacer? ¡Yo no soy como tú, Romina Sullivan!—Un espasmo penetró mi estómago al oírle llamarme de aquella extraña forma—¡Yo no voy a sacrificarlo todo por el bien de los demás! Yo te amo, te amo, jodida mierda…—Un ligero ardor envolvió mis muñecas cuando en un movimiento rápido mi hermanastro se bajó de la cama para apartarse de mí.
—¿Quieres que vivamos como una familia feliz?—Bufé tornando así los ojos en blanco—Cuando Harold Western se entere de esto, lo más probable es que arme un escándalo, ¿Y tu madre? Ellos están tan enamorados que no es justo…
—No conoces a Bárbara Sullivan, yo como tú no le tendría tanta contemplación…
—¿De qué hablas?—Mis codos me ayudaron a levantar un poco el dorso y así poder verle a la cara—¿Qué tratas de insinuar? ¡¿Hay algo de tu madre que yo no lo sepa?!
Negó pasando las palmas de sus manos por todo su rostro en señal de frustración—No es nada, sólo hablé de más, debemos viajar ahora para llegar a tiempo a clases y… Y te prometo que no le diré a nadie que ahora eres mi mujer.
(***)
Ha pasado casi dos semanas desde que Aarón y yo regresamos de Italia, papá no me a hablado en todo este tiempo, mientras que Bárbara intentaba hablar conmigo a diario. Efectivamente Sullivan ha cumplido su promesa hasta ahora de no contarle a nadie de nuestro matrimonio secreto; aunque siendo honesta en vez en cuando la verdad se le ha querido escapar y más cuando ve hombres cerca de mí.
He trabajado duro para crear un nuevo diseño de vestido para el desfile de fin de año de nuestra universidad, aunque ha sido un poco difícil ya que al maldito de mi hermanastro se le ha dado por coger casi todas las noches desde que estuvimos por primera vez en Florencia. Busco en mi bolso una tableta de pastillas anticonceptivas, apenas la alarma de mi móvil suena anunciando la hora para tomar la medicación.
A Aarón se le ocurrió la grandiosa idea de planificar ya que andamos follando como conejos en celo y hasta el momento ninguno de los dos deseamos ser padres por ahora, Kitty entra al salón vacío en donde me estaba ocultando del hijo de Bárbara ya que su genio hoy está peor que nunca.
—Tu hermano te anda buscando por todos lados, me lo topé antes de venir aquí…—Mi mejor amiga deja un vaso plástico de café frío a un lado de mis bosquejos de diseño, el cual bebo de inmediato. Siento como el líquido gélido se desliza por mi garganta, refrescando así todo mi cuerpo.
—¿Le haz dicho que estoy aquí?—Catalina negó tomando un poco de mi bebida—Que bueno, sabes que de una semana para acá su genio empeoró… ¿Donovan estaba con él?
Volvió a negar—Mi hermano se encerró en el baño de niños con un estudiante trasferido, según algunas chicas que pasaban por allí, estaban cogiendo…—Ambas nos miramos seriamente para luego soltarnos a reír. Arranqué algunas agujas de la pequeña esponja en forma de pulsera que sostenía en una de mis muñecas, para dejarlas así sobre mi mesa de trabajo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Maldito hermanastro