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Maldito hermanastro romance Capítulo 28

28

“Sexo en el hotel”

Todo mi cuerpo se encuentra completamente caliente y aunque no sé si mi respuesta afirmativa ante la pregunta de mi hermanastro se deba por la droga que se ha apoderado de mi cuerpo, o el dolor de haber pedido a Hugo, lo único que en verdad me importaba ahora mismo era arrancar todo el dolor que empezaba a escocer mi pecho.

—¿No me dejarás como papá o Hugo?—Aarón acarició mis mejillas con sumo cuidado mientras negaba ante mis palabras—Entonces necesito olvidar, quiero que me ayudes a olvidar… Pero, entiendo si piensas que soy una egoísta, me estoy burlando del amor que sientes por mí…

Inhalé con fuerza todo el aire que pude al recibir las manos de Sullivan sobre mis hombros, el cual empujó mi torso hacia atrás dejando reposar con sumo cuidado lo espalda sobre el blando colchón.

—Te dije que podías usarme, ahora soy tu esposo y te juro por Dios, Romina Western que nadie será capaz de apartarte de mí, eres lo único que deseo en este mundo y ahora que haz sido tú la que ha decidido esto, te retendré a como dé lugar a mi lado…—Un beso cálido sobre mi frente me obligó a cerrar los ojos—Soy completamente tuyo, amor de mi vida…

El pelinegro deshizo el nudo de su corbata entre tanto mis pestañas se sacudieron con exageración al verlo depositar una de sus manos en la parte trasera de mi cabeza para así poder alzarla un poco y pasar el trozo de tela por encima de mis ojos. Mis manos y piernas temblaron al recibir una pequeña descarga eléctrica por las sensaciones mezcladas con miedo y zozobra que cada uno de sus movimientos me provocaban.

—¿Serás gentil?—Murmuré apretando entre mis dientes mi labio inferior cuando de un tirón, Sullivan apretó su corbata en la zona de mis ojos con algo de fuerza. Todo había quedado oscuro para mí; podía a partir de ahora escuchar y sentir con claridad todo lo que pasaba a mi alrededor.

—He imaginado este momento durante seis largos años y ahora que te tengo, no pienso dejarte ir…—Froté mis muslos internos al oír el cinturón del español caer sobre el suelo, Sullivan deslizó uno de sus dedos por mis piernas y gemí al escuchar la tela del vestido hermoso y costoso que había comprando hacía poco para que yo lo luciera, ser rasgado en cientos de pedazos. Mis manos cubrieron mis pechos desnudos cuando la vergüenza se apoderó de mi cuerpo.

—Hazlo rápido… Entra rápido, por favor…—El pelinegro presionó mi zona peligrosa con uno de sus dedos haciendo que mi espalda se encorvara.

—¿Tanto deseas que lo ponga dentro de ti?—Apreté con fuerza las sábanas de seda que cubrían la cama cuando apartó hacia un lado mi braga, para así introducir su dedo índice en mi estrecha entrada.

—¡¿Por qué me torturas así?!—Tapé mis labios cuando la lengua fría y viscosa de mi hermanastro saboreó la humedad de mi coño. Mis manos desesperadamente las hebras negras de su cabellos las cuales tiré con fuerza en el instante en que ese pedazo de carne dentro de su boca penetró sin contemplación mi sexo.

El sonido de agua succionada que hacía eco en mi entrepierna, me provocó cientos y cientos de espasmos, las manos de mi hermanastro se deslizaron por debajo de mis glúteos para atraerme más cerca de su cara, sus dedos se hundieron sobre mis muslos y tuve que reprimir el deseo de gritar al sentir un ligero mordisco en uno de mis labios vaginales.

—Estoy tan caliente, nena…—La voz del español sonaba mucho más erótica ahora—Deseo tanto que mi pene entre en ti y puedas entender que nadie, nadie puede amarte más que yo…

Un beso en mi muslo interno logró romper mi silencio—¿Qué estamos haciendo?—Solté colocando mis ojos en blanco al recibir la punta de su polla sobre mi clítoris; Sullivan deslizó de arriba hacia abajo su enorme y endurecido miembro por la abertura de mi intimidad.

—… Los recién casados están teniendo sexo…—El sonido de una envoltura siendo rasgada llamó mi atención, logré ver por una pequeña línea delgada de luz entre la corbata y mi rostro como Aarón llevó hacia su boca un pequeño paquete de condones el cual abrió como todo un profesional, el pedazo de elástico quedó entre sus dedos colocándolo perfectamente sobre su sexo y dirigiéndose con apuro hacia mi feminidad. Mi cabeza se enterró sobre el colchón al recibir la primera estocada.—¡Carajo!—Gimoteó mi hermanastro uniendo su frente con la mía—Te siento… Te siento tan exquisita… Estar dentro de ti así se siente mucho mejor que dentro de mis sueños.

El hombre de mirada oscura levantó mis piernas colocándolas así encima de sus hombros, sus manos se aferraron a mis glúteos penetrando así mi coño con mayor fuerza—Despacio… Ten piedad de mí... —Mis palabras se estaban atorando dentro de mi garganta. Sullivan agarró mi cuello obligándome a mirarle a los ojos con tanta posesividad que logró estremecerme hasta los tuétanos.

—Nadie tiene derecho a mirarte así, de ahora en adelante serás mi esposa, la señora Sullivan…—Una estocada salvaje me hizo gritar dolorosamente—Soy tu hombre, tu señor delante de Dios y la sociedad de este país, ¿Lo entiendes? Ninguno será capaz de tocarte porque primero los mato con mis propias manos…

Mi corazón dio un respingo dentro de mi pecho, pero no uno por el temor de escucharlo expresarse de esa forma tan extraña; más bien se sentía cálido dentro de mí ya que era la primera vez que alguien intentaba protegerme como él lo estaba haciendo.

Mis caderas empezaron a moverse al ritmo de mi maldito hermanastro pero luego de algunos segundos de placer, el español me giró pegando mi cara al colchón y penetrando mi vagina con violencia—¡AHHHHHH!—un chillido de dolor se escapó de mis labios al recibir un mordisco en mi hombro derecho. El hijo de Bárbara acomodó su cabeza sobre mi espalda para así llevar su polla hasta lo más profundo de mi intimidad.

—Nena…—El hombre detrás de mí, alzó su pecho para tirar una vez más de mi cabello. Podía sentir como los fluidos que brotaban de las paredes de mi vagina, empezaban a escurrirse por mis piernas.

Aarón separó mi trasero para tener una mejor vista de aquel punto rosado y escondido agujero.

—Por allí, no… Tengo vergüenza…

Su cadera se estrelló contra mi feminidad haciéndome retorcer de dolor mezclado con placer—Quiero tocar cada parte de ti…—Separé aun más las piernas al percibir la intromisión de uno de sus dedos por aquel canal lujurioso entre tanto que él no dejaban de estocarme—Quiero que todo tu cuerpo solo me reconozca a mí—. Mordí mi antebrazo cuando la mitad de su dedo logró entrar en mi trasero, pero como pude agarré su mano para que no siguiera avanzando—Estás tan mojada, amor…

Arrastré mi antebrazo hasta la altura de mi boca para poder reprimir los gruñidos que salían de mi boca llenando así todo el silencioso lugar. Los fluidos de Aarón y míos se mezclaban a medida de que nuestro deseo aumentaba. De un instante a otro sentí un tirón de cabello que me dejó algo aturdida.

Mi hermanastro rodeó mi cuello con su antebrazo haciendo así la penetración mucho más profunda, sus muslos separaron mis piernas logrando marearme un poco—¡Ten misericordia de mí, Sullivan! Hace casi tres años no tenía sexo… Me duele… Me duele…—Pero parecía que mis quejidos llenos de sufrimiento lo motivaba a aumentar mucho más el ritmo.

La cadera del español chocaban contra mis glúteos sacando así un sonido de golpeteó húmedo que me hizo tapar mi rostro por la vergüenza—Soñaba con esto día tras día, ni loco dejaré ir esta oportunidad.—Mis ojos se tornaron blancos al sentir su polla tocar el límite de mi vagina—¡Dios! Tu boca dice una cosa, pero tu coño se está comiendo mi pene.

Los dedos de Aarón se restregaron sobre mis labios entre abiertos—¡Más despacio! Hace cuarenta minutos estas jodiéndome y nada que te corres! ¿A caso eres humano? Mi vagina está ardiendo, psicópata—Vociferé sintiendo con cada estocada como mi alma se quería salir de mi pecho—¡Para con esto!

El hijastro de mi padre, retiró su corbata de mis ojos, pero cuando creí que todo esto por fin había acabado, sus piernas capturaron en un movimiento preciso las mías; entre tanto sus manos me hicieron una especie de llave para inmovilizarme por completo. Sus nalgas se movían de arriba hacia abajo y no pude evitar gritar sacudiendo así mi cabello y pechos por los movimientos salvajes del heredero de la familia Sullivan.

—Oh… Oh…—Los jadeos de mi hermanastro inundaron mis oídos, mi vagina succionaba su miembro liberando luego de poco un fluido intenso luego de tanta presión en aquel lugar lujurioso.

Pequeños besos sobre mi espalda y brazos me hicieron girarme para verle, Sullivan tenía el rostro notoriamente enrojecido pero pude ver con mis ojos como algo dentro de él hizo clic apenas nuestros ojos se cruzaron repentinamente. Sus labios se separaron un poco frunciendo así al mismo tiempo su entrecejo. Los dedos de sus manos apretaron violentamente mis nalgas; oprimiendo así mis caderas con su descomunal fuerza.

—¡Dios, Aaroooooooooón!

Grité su nombre escondiendo mi rostro debajo de la almohada.

—Me corro… Me corro… ¡ESTOY ENAMORADO DE ROMINA WESTERN! Joder… Joder… ¡Puedo ver el puto cielo! ¡Ahg… Ahg…!—El cuerpo del pelinegro se envolvió en pequeños espasmos torpes que sólo se detuvieron cuando una vibración contante se apoderó gracias a él de mi vagina.

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