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“ITALIA Y UN AMOR MUERE”
Confié en las personas equivocadas, confié en alguien que solo vio sus intereses desde que nací dejando mis sueños y metas a un lado para complacerlo. Vivía creyendo que todos los problemas de mi padre eran mi culpa sin entender que el único que se había equivocado en todo esto siempre fue él. Harold Western.
Camino con pasos inestables hacia la salida de este lugar pero me detengo a la mitad del camino al ver al hombre de mis pesadillas entrar por la enorme puerta principal del hotel como alma que lleva el diablo. Papá me mira con los ojos bien abiertos pero lo señalo rápidamente con una de mis manos para que no se acerque. Lo último que quería ahora mismo era verlo.
Sabía que la culpable de mis desgracias era sólo yo, permití que todos pasaran por encima de mis deseos, pero también entendía que el hombre que me otorgó la vida me había convertido en una mujer inestable y llena de inseguridades. Cerré los ojos buscando la manera de estabilizar mi respiración; quería correr lejos en este justo momento pero ya había tomado una decisión.
—Me iré de casa… —Los ojos de papá me observaban inexpresivos como siempre, era como si nada de lo que me ocurriera le importara en realidad.
—No es momento para tus berrinches, Romina, ¿Sabes lo que acabas de provocar? —sus dientes estaba apretados al hablar—¡Cómo siempre le haz traído vergüenza a esta familia! ¿No podías solo manejar esto en bajo perfil? ¡El presidente de la cadena de televisión nacional me ha llamado para decirme que transmitirán ahora mismo que mi hija…!
Mis manos estaban temblando a cada lado de mis caderas, mis piernas se movían inestables, podía percibir que mi cuerpo se estaba agotando a medida de que pasaban los segundos mientras lograba ver a lo lejos a Aarón corriendo apresuradamente hacia nosotros.
—¿No dirás nada?—Susurré bajando la cabeza para que papá no se diera cuenta que estaba llorando. Sabía cuánto odiaba verme débil e inestable—¿De verdad sólo te importa el que dirán de nuestra familia?
—¡Esto le costará a nuestra universidad, entiéndelo! Si tan solo no hubieses traído a ese mal nacido a nuestro hogar, ahora tú…
—¡Bastaaaaaaaaaaaaaaaa!—Grité con fuerza logrando que Sullivan se colocara detrás de mí pero un golpe en seco nos dejó a todos en silencio. Llevé mi mano hacia el golpe de mi padre para luego observarlo con odio—Tu deseo de alejarme de Hugo te cegó, te cegó tanto que llevaste a tu hija a la boca del lobo, porque sí, ¡Si, Harold Western! Te equivocaste, tú te equivocaste, ¿Te recuerdo quien me obligó a salir con él para que no fuera detrás del hombre a quién yo en verdad amaba?
—¡Cállate!—Sus manos arrugadas apretaron mi brazo derecho pero Sullivan lo apartó de mí de inmediato—No quieras tapar tus errores conmigo, lo importante es que no te pasó nada porque sino todo hubiese sido peor para nuestra familia.
Estaba apretando con fuerza mi mejilla interna para no llorar delante de él—Esta misma noche me iré de tu casa, terminaré mi año escolar en nuestra universidad y si después de eso no quieres hablarme, es tu problema…—Su risa de burla me dejó consternada.
—¿Qué vas a hacer sin dinero?—Harold tocó el puente de su nariz como señal de frustración, nuestra relación de padre e hija con el pasar de los años se estaba fragmentado pero sabía que el daño colateral de hoy había roto aquellos pedazos que luchaba por seguir unidos por nosotros y por la memoria de mamá. Mi padre no fue siempre de esta forma, pero desde hace seis años atrás todo se vino cuesta a bajo, empezó a dudar de mi virtud y de mi valor como mujer, su autoridad en la universidad con algunos estudiantes que jamás había tenido conmigo ahora las tenía y de cierta forma eran mucho peor por ser la única heredera Western.
—Papá…—Es la voz de Aarón, la mano de mi hermanastro se deslizó por mi pecho entre tanto mis ojos observaban como de un movimiento firme y certero me logró esconder detrás de él—Si me permites, yo puedo cuidarla hasta que Romina y tú arreglen sus diferencias…—Apreté el borde de su chamarra y negué.
—Sí así lo deseas…
Di un paso hacia atrás aturdida, está pasando otra vez, ¿Por qué no me toman en cuenta?—¡Estoy aquí!—Vomité sintiéndome herida—¡Estoy aquí, mírenme! ¿Podrían preguntar que es lo que yo deseo? ¿Qué es lo que quiero? No, no, no, —mi cabeza negó alejándome de ellos—¡Voy a tomar el control de mi vida! Me iré lejos de todos, estoy cansada de este maldito círculo vicioso, estoy cansada de ti—señalé a papá—¡Y de ti!—Ahora señalé a Sullivan—Voy a hacer lo que yo deseo y lo que quiero es no volverlos a ver más nunca en mi vida…
Los ojos de mi hermanastro se abrieron con exageración, quería huir de aquí, así que busqué mi móvil para llamar a Kitty que gracias al cielo respondió rápido, las palabras no querían salir de mi boca, el llanto estaba mezclado con dolor y un vacío al entender que papá ha preferido su reputación por encima de su hija y ni hablar de Sullivan.
Por primera vez en mi vida estaba tomando un taxi que me llevaría hacia la casa de Catalina y Donovan, siempre estuve rodeada de lujos y dinero, Harold se encargaba siempre de darme todo lo material porque mi estabilidad emocional había decaído desde su abandono como padre así que sentía que era la única manera que tenía para tapar sus faltas. Dándome riquezas para cubrir su fracaso como papá.
Rompí a llorar apenas vi a mi mejor amiga, la morena vestía un diminuto pijama de color rosa mientras que en el fondo lograba ver a Don bajar las escaleras asustado, apenas sus ojos y los míos hicieron contacto visual se asustó a tal punto que apartó a su hermana para abrazarme.
Contar todo lo que sucedió fue realmente difícil, y más cuando a ambos se les dio por ir a la cocina por cuchillos para asesinar al mal nacido que intentó profanar mi cuerpo en compañía de otros gilipollas.
—Papá dice que es mi culpa…—Los dedos suaves y fríos de mi mejor amiga limpiaron mis lágrimas.
—Tu papá es un imbécil, está tan ciego de poder que no se ha dado cuenta que ha perdido a una hija tan valiosa como tú…—Sonreí al escuchar aquellas palabras dulces por parte de hermano mayor de Catalina—Si no tienes a dónde ir, esta será tu casa, no tenemos los mismos lujos que tú, pero aquí hay amor, Mina, si no tienes una familia, ahora somos la tuya y…
Mi mentón tembló mientras que las lágrimas empezaban a salir desbordadas una tras de otra. Mis hombros se relajaron por la falta de oxígeno pero sentía que mi dolor empezaba a disminuir en el justo momento en el que ese par de hermanos me rodearon ambos con sus brazos para hacerme sentir segura.
—Estamos aquí para ti, Romina—La voz dulce de Kitty me hizo asentir—Vamos a demostrarle a Harold que podrás salir adelante sin él y sin sus mentiras, le haremos ver que eres dueña de tu vida, ¡Tenemos que revelarnos!—Vociferó mi mejor amiga con entusiasmo.
Donovan la empujó y no pude evitar reírme—Eres un desastre, Catalina, lo último que necesita esta niña ahora son tus pésimos consejos…
—Creo que ella tiene razón—Agregué alejándome de ellos y tomando una tijera que aún reposaba sobre el sofá de la sala al lado de algunos retazos de tela—Creo que es hora de cambiar y hacerle ver a todos que soy mas de lo que ellos creen que soy…—La mandíbula del moreno cayó al mismo tiempo que mi cabello sobre el suelo. Las hebras rubias empezaron a caer una tras de otra hasta que al final sentí la libertad del yugo de papá.
—¡¿Qué carajos?!—Catalina saltó hasta mí entre tanto sus dedos tocaban mi nuevo corte—¡Te… Te llega arriba de los hombros!
Abrí los ojos—¿Qué? Espera… No…—Donovan me arrastró hacia el espejo de pared que estaba a algunos pasos de nosotros y grité al ver el desastre que había hecho.
—¡JAJAJAJAJAJAJA JA!—la risa de Kitty me dejó angustiada—Te pareces a la maestra Molly de jardín de niños.
—¿A la señora que parecía que le hubiese pasado un tractor por encima?—Los hermanos asintieron y empecé a brincar entre llanto—¡Así no sucedía en la película que me vi!
Catalina se arrodilló sobre el suelo por las carcajadas sonoras que brotaban de su boca—¡En las películas usan pelucas, Mina, por Dios!
—¡Quiero mi cabello de vuelta! ¡Parezco un niño!—Me arrodillé para recogerlo todo—¿Si canto flor que da fulgor volverá a la normalidad?—Las cejas de Donovan se elevaron incrédulo.
—Jamás volveré a salir contigo, Romina Minerva…—odio…Odio que digan mi segundo nombre; alcé la mano para pegarle a ese pedazo de imbécil pero las carcajadas de su hermana menor me detuvieron.
—¡Minerva, JAJAJAJAJAJAJA!—Casi me caigo en la mitad de la sala por agarrar uno de los cojines del sofá que fueron a parar justo en la cara de mi mejor amiga, un cosquilleo empezó a carcomer mi garganta al ver la pestaña postiza de Kitty aferrándose a su párpado superior. ¡Dios! Te juro qué intenté no burlarme de ella, pero mi estómago comenzó a dolerme por las carcajadas que brotaban desde lo más profundo de mi ser.
Los tres caímos de espaldas sobre el suelo.
—¿Deberíamos hacer noche de chicas?—La pregunta del moreno me obligó a darme la vuelta para observarlo mejor.

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