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“Sangre, hotel y golpes”
¿Por qué mi respiración se escucha de esa forma? Los tipos que me han sacado del coche me han soplado algo en la cara que me ha dejado casi aturdida y con mi cuerpo sin responder. Todo lo empiezo a ver borroso entre tanto las voces del grupo de hombres que pretenden hacerme daño se oyen distorsionadas.
—¿Nos meteremos en problemas por esto, Sam?—El tipejo que se aferra a mi mano como si el universo entero dependiera de ello, le pregunta al hombre que se ganó la confianza de papá con la voz completamente inestable. Logro ver como los demás sujetos empiezan a mirar a las personas que entran y salen del edificio con cautela.
Ellos saben que en cualquier momento esto se les saldrá de las manos y estoy más que convencida que papá los enviará a la cárcel por mí—¿Crees que vendría hasta aquí con Romina sabiendo que podríamos meternos en problemas?—El rubio se burla tirando la colilla de cigarrillo sobre el suelo de la calle—Este hotel es de mi tío Luis, ya él sabe que estaré aquí con ella,—mis manos estaban sudando frío, quería gritar y quitármelos a todos de encima, pero la droga que me habían dado inició a surgir sus espantosos efectos demasiado rápido.
Mis piernas no respondían y solo sentí cuando uno de los chicos me subió sobre su hombro derecho como si yo solo fuese un maldito costal de papas o un trozo de comida que iban a devorar sin contemplación. Deseaba gritar con fuerzas, quería salir huyendo de aquí pero mi subconsciente se iba por momentos, tenía micro sueños por momentos pero mi cuerpo seguía luchando para mantenerme despierta y poder defenderme de este grupo de imbéciles.
Lo siguiente que oí fue una puerta abriéndose, Samuel había dado la orden de que me quitaran los zapatos y me dejaran sobre la alfombra afelpada que se encontraba en la mitad de la habitación vip. Mis ojos se abrían por instantes logrando poder ver las atrocidades que aquellos hombres hacían a lo lejos de mí. Todos estaban bebiendo de más, drogándose mientras yo estaba ahogándome sobre el piso de la suite presidencial.
—¿Quién será el primero en follarla, bro? —un tipo afroamericano le preguntó a Samuel entre tanto lograba hacer contacto visual conmigo.
—Yo…—Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas, no podía moverme—Después que la use, ustedes podrán hacerlo, no la dejen vuelta una porquería, recuerden que será mi esposa y la madre del heredero de nuestras familias…
Mi cara se giró nuevamente a su posición inicial, una enorme lámpara de cristales me dejaban ver el reflejo de su belleza otorgándome así un poco de calma; que no duró mucho al percibir como alguien me jaló de mi pie derecho dejándome debajo de un endurecido y pálido pecho.
Los ojos cristalinos de Samuel y los míos hicieron contacto por un momento, sus manos intentaban rasgar mi vestido pero apreté con fuerza mis dientes buscando en lo más profundo de mi cuerpo la energía que necesitaba para salir de aquí completa.
La boca del hombre español se apoderó de mi cuello, mis débiles manos apretaron suavemente sus hombros—¡Esto es un crimen, Samuel!—Cerré los ojos cuando un mareo repentino se apoderó de mi cabeza—¡Detén esto ahora! ¿Qué pensará tus padres sobre esto? ¡Serás la vergüenza de tu familia!
Un chico de cabello rojizo se acercó para darle una copa de vino tinto al autor intelectual de esta monstruosa atrocidad que bebió inmediatamente dejando caer algunos hilos de alcohol por las comisuras de sus labios por la rapidez en que bebía del líquido—Mis…—aparté la mirada al oler la mezcla entre humo y ebriedad que brotaba de la boca de mi todavía novio—Mi mamá fue la de la idea de enamorarte… Ja, ja, ja, ja—Sentí como mi pecho se hundió con un dolor terrible—Hace dos meses sabía que estarías allí, de hecho mis padres estaban ese día conmigo, espera… ¿Creías que eras especial?
Miré hacia otro lado logrando ver a unos cuantos centímetros la botella del vino tinto que Ford se estaba tomando—No tendrás ni un solo peso de mi familia, le contaré todo a mi padre, ¡Le diré que lo están usando para sacarnos dinero! ¡Le diré que golpeaste a su única hija y que intentaste viol…!
Un golpe seco en mi cara me dejó prácticamente inconsciente, Samuel apretó mi cuello con sus manos mientras que los demás chicos empezaban a desnudarse quizás para usar mi cuerpo una vez haya muerto; el oxígeno se escapaban de mi sistema y debía hacer algo ahora mismo si no deseaba morir hoy.
—¡Aunque… Aunque me mates, todos sabrán lo que hiciste!—susurré con dificultad, los huesos de mi cuello tronaban a medida de que el maldito psicópata de Samuel Ford ejercía mayor presión.
—¡Nadie sabrá lo que te sucedió jamás! Y aunque no me quede contigo, al menos tu papá me dará lo que necesito, ¿Crees que no será fácil quitarle el dinero a ese viejo estúpido que lo único que desea es tener hijos varones? Me convertiré en su hijo luego de que te pierda para después matarlo junto a ese entrometido de Aarón Sullivan…
Mi hermanastro… Mi hermanastro no tiene nada que ver con esto, cerré los ojos por un instante buscando la fuerza que necesitaba para huir de la muerte, no sé cómo sucedió, pero estiré mi mano lo suficiente hasta alcanzar la botella de vino tinto que se fragmentó en cientos de pedazo sobre la cabeza del rubio lunático.
La tos descontrolada que salía de mi boca no fue impedimento para colocarme en pie y correr con fuerza antes de que Samuel diera la orden de que fueran detrás de mí y me asesinaran. Mis piernas me fallaban un poco pero apenas vi la entrada principal; tomé el picaporte de la puerta y salí de allí dejándome acariciar por un instante por la libertad. Aceleré mis pasos ignorando la sangre de ese mal nacido que se impregnó sobre mis manos y vestido, podía sentir los pasos de esos tipos detrás de mí, mi cabello olía y estaba húmedo por el alcohol que salió disparado de la botella que rompí sobre la cabeza del rubio médico.
—¡Ayudaaaaaaaaaaaa!—Grité casi desmayándome pero nadie salía de sus habitaciones—¡Alguien quiere matarme! ¡Soy Romina Western y mi novio me quiere…!
Toda la sangre de mi cuerpo bajó hacia mis pies al ver una de las puertas de las habitaciones abrirse, la sonrisa en mis labios se borró inmediatamente al ver a Aarón salir de esta con un grupo de amigos que desconocía. Sus ojos se abrieron apenas me vio pero luego estos recorrieron el hilo de sangre que había dejado por todo el camino hasta aquí.
Mi hermanastro se quitó la chamarra para cubrir mi cuerpo casi desnudo, no podía dejar de templar, no quería que nadie me viera de esta forma pero todo se fue a la mierda cuando Samuel y sus amigos llegaron para arrancarme de las manos de Sullivan.
El rostro del pelinegro se encontraba inexpresivo—¿Qué está sucediendo…?—Cuestionó entre jadeos,—¡¿QUÉ MIERDA LE HICISTEEEEEEE?!—La voz potente del hijo de Bárbara tronó con majestuosidad por el pasillo de habitaciones del hotel lujoso en donde todos estábamos, di un paso hacia adelante con mis ojos llenos de lágrimas, estaba herida y con la garganta seca.
—¿Qué haces aquí, imbécil?—Samuel me echó hacia atrás—¡Romina es mi novia, no tienes porque meterte en esto!
—¿Qué le hiciste?—Sullivan tomó el cuello de la camisa del doctor para acto seguido zarandearlo con fuerza—¿La tocaste? ¡¿LA TOCASTE?!
Cómo pude llevé mis manos hacia el borde de la chamarra de mi hermanastro y me aferré a ella hasta que se dio cuenta de mi actitud, quería gritarle que me sacara de aquí, pero el shock del momento, los golpes y mi mareo repentino me imposibilitaban expresarme con claridad.
—Samuel iba a hacer que sus amigos me violaran…—El rubio dobló uno de mis dedos para que me callara pero di un paso hacia adelante para rogar por ayuda—¡Él solo quiere usarme, Aarón, ayúdame por favor!
Busqué la forma de alejarme de los tipos que me rodeaban, pero uno de ellos bloqueó mi paso—Romina es mía… —Las palabras de Samuel golpearon mis oídos pero negué haciendo que el pelinegro tirara de mi mano para sacarme del edificio junto a sus amigos, pero un disparo que había llegado de la nada me dejó tirada en el suelo. Miré la sangre que salía de mi pierna mientras que mis gritos habían aletargado a los huéspedes del lugar.
Los amigos del doctor corrieron para escapar apenas notaron el arma de fuego en una de las manos de mi novio. Ni siquiera sentí cuando alguien empezó a arrastrarme hacia el lado de mi hermano mientras que mis ojos veían como Aarón junto a dos chicos que al parecer eran gemelos contratacaban los tiros del hombre que creía que me ayudaría a olvidar a Hugo.

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