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“Fluidos corporales”
¿Alguna vez en sus vidas han visto la maldad dentro de los ojos de alguien? Pues siempre creí que viviría una vida tranquila junto a papá, me graduaría de la carrera que más amo y me desempeñaría como una de las mejores diseñadoras de moda en las pasarelas del mundo alejada de casa y de mi familia, pero la realidad había golpeado sin piedad mi existencia hace casi tres meses.
El rostro de Aarón se encuentra inexpresivo, la luz de su mirada está completamente apagada, sus manos sostienen como si su vida dependiera de esto aquella botella de whisky que le había robado a papá hacia tan sólo algún par de horas atrás; la toma la mano de su esposo algo impresionada al ver la conducta tan poco decente de mi hermanastro y no era para menos, el tipo se había presentado a la cena más importante para Samuel y para papá con una apariencia descabellada y apestado sin pudor a alcohol.
Bárbara se levantó de inmediato del sofá en donde reposaba con tranquilidad antes de ver el desastre de hijo que tiene, no entendía porque mi hermanastro tomó esta actitud tan atroz pero necesitaba parar esto ahora antes de que las consecuencias de sus actos me atrajeran a mí también al infierno.
—Aarón, hijo…—La voz de su madre sonó pausada y algo chillona, los dedos de las manos de mi madrastra temblaban entre tanto papá intentaban calmar los ánimos con los señores Ford—¿Por qué no vas a tu habitación y descansas un…? —El manotazo que Sullivan le acababa de propinar al brazo de la rubia mujer cuanto está buscó la forma de sacarlo del salón de fiestas, nos dejó, no sólo a mí, sino que a papá, a los padres de Samuel y hasta el mismo doctor atónitos.
El pelinegro me miró fugazmente con odio y temblé al pensar que en cualquier momento todo esto se iría por la borda. Si Sullivan abría la boca y contaba que él y yo nos veamos en días anteriores y hoy para empeorar esta situación, papá me enviaría a un convento sin dudarlo por un segundo y juraría por los cielos que jamás tuvo un hija. Estaría muerta para él y sé que sería capaz de maldecir mi nombre por el resto de sus días; Harold sonrió al mirar a su hijastro, mi frente estaba fruncida porque no comprendía a que conllevaba semejante conmoción de mi padre hasta que lo entendí.
Aarón se lo acababa de llevar al bolsillo llamándole “Papá” es que ese pedazo de escoria era demasiado astuto, Harold jamás perdonaría una ofensa como esta, para él siempre lo más importante era guardar nuestras apariencia en la sociedad española, pero ahora que su mayor sueño se había cumplido, era el hombre más feliz de mundo.
Siempre quiso tener un hijo mayor y comprendía que uno de los motivos por los cuales sentí rechazo por el director de la universidad Western era por mi naturaleza. Oía día tras día de los devastador que era tener una hija y no poder hacer cosas de hombres porque las niñas éramos estúpidas y frágiles.
—Aarón Sullivan es mi hijo mayor… —Samuel se colocó detrás de su madre mientras que esta miraba asqueada a mi hermanastro—El joven es hijo de mi esposa, pero yo no tengo diferencias entre Romina y el muchacho…
¡Quiero reírme en su cara!
¿Cómo que no tiene diferencia entre nosotros? Todo lo que he querido es poder manejar mi vida a mi antojo, pero lo único que he conseguido es sentirme insegura por mi sexo. Tengo prohibido tantas cosas que sabía que sí algún día esto se sabría en mi universidad sería la burla de toda mi facultad hasta el día de mi graduación.
Mientras que las chicas iban a los bailes con amigos de sus clases o novios, yo siempre tenía que ir con papá, ¿Saben lo horrible que se siente bailar delante de todos con tu padre como si aun fuese una niña pequeña? ¡Creo que no! No creo que las demás mujeres sufran las cosas terribles que día tras día mi familia me hacía pasar.
—¿Su hijo?—La cara de horror de mi futura suegra ha sido demasiado épica, es que la señora ni siquiera se tomó la molestia de disimular un poco, ha mostrado su desagrado hacia Aarón Sullivan desde el primero segundo que lo vio—¿Este es el tipo que casi mata a mi bebé?—Lo último que ha dicho me ha dejado completamente gélida. La mujer observa a su esposo molesta, entre tanto Samuel buscaba la manera de tranquilizar a su enojada madre—¿Cómo se atreve a mirarme a la cara luego de que casi mata a mi único hijo?
—Señora Ford, tranquilícese…—Harold sostuvo por algunos segundos la palma de la mano de la elegante mujer pero esta lo apartó de un solo manotazo, ahora dirigiéndose hacia Sullivan. Mi hermanastro bebió por última vez de la botella costosa de whisky antes de bajar la cabeza para poder ver con claridad el rostro furioso de la rubia.
—¿No tienes vergüenza, niño?—escupió la dama cruzada de brazos delante del problemático de Sullivan—Deja de avergonzar a tu familia y vete de aquí…
Bárbara dio algunos pasos preciso hasta donde se encontraba ebrio el hombre al cual ella trajo a la luz hacia veintisiete años atrás—Señora Ford, le pido que no se exprese de esa forma de mi hijo, si a usted le duele el suyo, a mí también el mío. Mi hijo solo está aquí para mostrar sus respetos hacia su familia, es normal que los jóvenes se peleen con los novios de sus hermanas, ¿A caso usted no pasó por eso? —Objetó mi madrastra con furia—Se sabe que mi Aarón cometió un error, pero entienda que ninguno sabía las verdaderas intenciones de Samuel hasta que las cosas se aclararon…
—¿Cómo se atreve a comprar a Samuel con ese muchacho?—La voz resonante de Teresa Ford tronó con rudeza dentro de la enorme habitación—¡Mi hijo estuvo tres días hospitalizado! Y le juro que si no hubiese sido por él, ese hijo suyo estaría en la cárcel ahora mismo…
Papá y el señor Ford jalaron a sus respectivas esposas cuando vieron la posibilidad de que se fueran a los golpes.
—Mamá…—Samuel susurró despacio intentando calmarla—Estamos aquí por Romina, no por su hermanastro, vamos a cuidar nuestras etiquetas, ¿Esta mañana no estabas feliz porque por fin tu hijo había sentado cabeza?
La mujer pareciera que había recordado algo porque su boca acababa de dibujar una enorme sonrisa—¡Nietooooooooooos!—Mis piernas se tambalearon mientras que Sullivan dejó caer con brusquedad la botella de whisky sobre el suelo—Hay que planear una boda, espero que me den muchos nietos…
Mis ojos viajaron hacia mi padre y negué horrorizada, podía aceptar salir con Samuel para proteger a Hugo, pero jamás me casaría con él y mucho menos pensaría en tener unos hijos que no quiero ni he buscado.
—Es muy pronto para hablar de eso, ¿No creen?—Mi declaración hizo que nuestras familias me observaran como un pedazo de bicho raro—Samuel y yo tendremos pronto dos meses saliendo. No nos conocemos del todo y no sabemos si esto va a funcionar…
Los ojos llenos de decepción de mi novio me hicieron estremecer entre tanto la risita de Sullivan detrás de mí erizaron los vellos de mi nuca—¡Va a funcionar!—Espetó con un fingido entusiasmo Samuel buscando la forma de tranquilizar a su mamá la cual parecía que le iba a dar el soponcio en cualquier momento—Yo te amo, te amo demasiado y hoy te lo demostré, ¿No?
El rubio y sensual hombre bajó sus ojos hacia mí estómago y lo entendí.
Sam hablaban de su semen sobre mi cuerpo, ¿A caso las parejas hoy en día demuestran estar enamorados de esa forma? A mí solo me pareció repulsivo y asqueroso.—¿Por qué no cenamos ya?—Hablé ignorando las palabras de mi novio—Tengo hambre y no debemos hacer esperar tanto tiempo a nuestros padres, yo…—Titubeé al ver a Sullivan subir las escaleras que daban hacia su habitación—Yo necesito ir al baño por un momento, Samuel—Llamé la atención del hombre que papá me ha metido por los ojos—Quédate con tu madre mientras vuelvo,—sus labios se pegaron a los míos delante de nuestras familias logrando que Harold y Teresa aplaudieran como si algo realmente maravilloso hubiese ocurrido hoy—ya regreso.

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