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“AARÓN, HUGO Y SAMUEL”
Tengo frío y mis manos empiezan a escocer por el metal de las esposas que se aferran a la piel de mis muñecas. Dos enormes policías están a cada costado de mi cuerpo mientras que mis piernas tiemblan por el repentino cambio de temperatura en Madrid.
La brisa de la noche me provoca algo de frío, el agente que maneja la camioneta en donde me dirigen hacia una inspección de policía, me observa por un par de segundos por el espejo retrovisor del coche. Le he mirado re moverse sobre su asiento entre tanto su lengua saborea la parte inferior de su boca. Su mirada está fija nuevamente sobre mí y me asusto oír el tronar de sus labios en el instante que ha decidido enviarme un beso.
—¿Qué edad tienes, muñeca?—La pregunta de aquel sujeto me hizo brincar, su voz era demasiado chillona—¿Te comieron la lengua los ratones, mami?
El tipo que estaba a mi lado levantó la mano para mandarlo a callar—¿Ya vas a empezar de nuevo?—Cuestionó—Sabes que te pueden suspender por acosos, ¿Podrías parar?
El conductor del vehículo se burló un par de segundos, su expresión se veía demasiado seria, sus manos limpiaron las pequeñas gotas saladas que brotaba de la comisura de sus ojos—¿No puedo preguntarle que edad tiene a esta zorra?
Mis manos apretaron el borde de mi vestido al escucharlo llamarme de esta manera—No soy una zorra.—Ataqué sin pensarlo—Y no creo que esa sea la forma correcta de tratar a una mujer, señor…—Sin duda alguna papá me va a matar cuando se entere de esto.
—¿Qué hacías en el muelle de la muerte entonces? ¿Jugando al papá y a la mamá?—Volvió a burlarse ahora rodando un poco el espejo del coche para observarme mejor, desde aquí podía ver un ligero color amarillo impregnando sobre sus dientes quizás por fumar constantemente tabaco.
—Fui a buscar a mi hermanastro, señor, supe que estaba allí y por ende fui a encontrarme con él.
—¡JÁ! ¿Crees que te van a creer eso allá dentro? Todos los jóvenes van a ese lugar por dos cosas, sexo o drogas, ¿Tu distribuidor estaba allí?—sus ojos azules me miraron incrédulo—¿o fuiste a venderte? ¿Cuánto hay que pagar para estar contigo?
La lengua de aquel tipo hizo un movimiento obsceno sobre sus labios, mis piernas se removieron al sentir mi corazón latir con demasiada violencia. Si a estos tipos se les da por parar el carro y agredirme nadie se daría cuenta de esto y lo más probable es que tapen cualquier evidencia que los incriminen en una violación.
—¡Soy Romina Western!—Grité ofendida—¿Sabe al menos ustedes quien es mi familia? ¡Soy la única heredera de las universidades Western! Si alguno se atreve tan siquiera a tocarme un cabello, ¿Creen que todo el planeta no se enteraran de que fueron ustedes?—El policía que estaba manejando golpeó el volante con frustración.
—Te dije que no te metieras con ella…—Declaró el hombre a mi lado—La cara de esta chiquilla sale casi todos los días en el periódico, ¿Cómo no te percataste de eso, Guillermo?
Su otro compañero se burló con fuerza.—Tiene la polla en la cabeza, por eso no te ascienden, Rodríguez, ja, ja, ja, ja—Vociferó entre risas, el carro se detuvo en un enorme edificio con el logo de la policía de Madrid, uno de los agentes abrió la puerta de la patrulla para luego obligarme a bajar.
Las personas que pasaban por el lugar me quedaban viendo mientras que otros me reconocían y empezaban a tomarme fotos. Como pude agité mi cabello para tapar un poco mi rostro hasta que por fin pudimos entrar a la inspección donde ya se encontraban mis amigos, Hugo y Aarón.
Mi hermanastro intentó colocarse en pie para correr hacia mí, pero un tipo que los cuidaba lo volvió a sentar de golpe, —¿Puedo hacer una llamada?—El policía que me tenía en custodia asintió llevándome así por un largo y angosto pasillo, al llegar allí tuve que esperar alrededor de diez minutos hasta que el último detenido terminó de usar el teléfono.
—¿Te sabes el número de la persona que perdieras que te saque de aquí?—Asentí dudosa, Aarón me había obligado a eliminar el contacto de Samuel cuando se enteró que tenía su teléfono así que había logrado memorizarlo antes de eliminarlo.
—¿Podría dejarme sola un momento? —el sujeto de ojos claros hizo una pequeña reverencia para acto seguido alejarse algunos metros de donde estaba anteriormente. No sabía si Samuel contestaría mi llamada luego de que Sullivan lo enviara directo al hospital pero realmente ahora mismo mi única salvación sería él. Por nada del mundo podía permitir que papá se enterara de esto y sabía que debía hacer lo necesario para mantener nuestro secreto a salvo.
—¿Hola?—brinqué sobre mis pies al oír su voz—¿Hola? Chicos esperen, no oigo nada, saldré por un instante…—el ruido a través de esta llamada me hacía entender que no lo había contactado en el mejor momento, quizás ahora mismo solo debía colgar y hacer como si nada de esto hubiese sucedido.
—… —Nada salía de mi boca, me sentía demasiado estúpida al pensar que Samuel desearía sacarme aquí.
—¿Eres tú, Romina?—Abrí los ojos al sentir una punzada en mi pecho—No tienes que ser de esta forma, Mina. No te estoy culpando a ti por lo que hizo tu hermanastro, háblame por favor, deseo escuchar tu voz…
—Estoy en problemas… Necesito tu ayuda…—Sollocé algo alterada al observar como un grupo de reclusos me observó como festín al fondo del pasillo.
—¿Dónde estás? ¡Ya voy para allá!
Cerré los ojos y respiré—Inspección de policía en el centro de Madrid…
Silencio—¿Qué? ¿Qué haces en…?
Alguien colgó mi llamada y me rompí a llorar, mis piernas ni siquiera querían ceder, no deseaba estar en este lugar y todo empeoró al escuchar las maldiciones que salían de la boca de Sullivan hacia Hugo y viceversa. Caí sentada sobre una silla rústica mientras que una señorita llenaba el papeleo pertinente para mi detención.
—¡¿Yo que iba a saber que Maribel te dejó por mí?! Además, ¿Eso que tiene que ver con Mina?—Levanté la cabeza al oír mi nombre en los labios de Aarón—¡Aléjate de ella ahora que aún tienes piernas!
Un policía los observó pero terminó ignorándolos para terminar de llenar algunos documentos—¿Romina Western?—Caminé hacia un enorme cristal que dividía a los detenidos de la policía de oficina, el hombre me miró de forma despectiva de pies a cabeza y palidecí al verlo negar con la cabeza—¿Veintiún años y ya estás metida en este tipo de problemas?
Miré por encima del hombro a Hugo el cual seguía discutiendo contra Sullivan—¿Qué tipo de problemas, señor? Ya les dije que solo fui allí a buscar a mi hermanastro… No entiendo de que me está hablando…
El hombre dejó caer un papel delante de mí—Fírmelo para que un agente la deje en una celda. Deberá pasar veinticuatro horas dentro mientras que se soluciona su caso, ¿Ya llamó a alguien?
—Sí, señor.—Mis manos cubrieron mi pecho, hacia demasiado frío en este sucio lugar.

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