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La novia Rechazada romance Capítulo 113

La mañana de la boda amaneció clara y serena, como si el cielo mismo hubiera decidido bendecir el día. Aslin se encontraba en una habitación luminosa de la mansión, rodeada de espejos, flores frescas y un murmullo constante de emoción. El aire olía a jazmín y lavanda, y la luz del sol se filtraba por los ventanales, bañando todo con un resplandor dorado.

—Respira, Aslin —le susurró Verónica, su amiga y dama de honor, mientras ajustaba los últimos detalles del vestido.

Aslin asintió, con una sonrisa nerviosa en los labios. El vestido era una obra de arte: delicado encaje bordado a mano cubría el corset, mientras una falda amplia de tul caía en suaves capas como olas de seda. Cada detalle había sido elegido con cuidado, desde las pequeñas perlas cosidas a mano hasta el velo ligero que caía como una caricia sobre sus hombros.

Mientras le arreglaban el cabello, recogido con elegancia y adornado con pequeñas flores silvestres, Aslin no podía dejar de mirar su reflejo. No solo se veía distinta. Se sentía distinta. Ya no era la mujer que había atravesado tantas tormentas sin saber si alguna vez encontraría la calma. Era alguien que había sanado, que había elegido seguir adelante. Y, sobre todo, era alguien profundamente amada.

—Carttal va a llorar cuando te vea —dijo Soraya, entrando en la habitación con una sonrisa suave. Ya no había rencores en sus ojos, solo un orgullo silencioso por lo que Aslin y su hijo habían construido.

—Tal vez —respondió Aslin, conteniendo una risa—. Aunque tratará de disimularlo.

Todas rieron, y por un instante, los nervios se desvanecieron.

Alguien golpeó suavemente la puerta. Era Cedric, el abuelo de Carttal, elegantemente vestido, con una flor blanca prendida en el ojal.

—¿Puedo pasar? —preguntó con una voz afectuosa.

Aslin asintió, y Cedric entró, tomándose un momento para contemplarla.

—Estás hermosa —dijo con sinceridad—. Carttal tiene mucha suerte.

—Yo también la tengo —respondió ella, con los ojos brillando.

Cuando llegó la hora, Verónica le ofreció el ramo: una mezcla de lirios, rosas blancas y lavanda. Aslin lo sostuvo con ambas manos, respirando hondo mientras el murmullo de la ceremonia comenzaba a escucharse desde el jardín.

Las puertas se abrieron.

El jardín había sido transformado en un paraíso de luces colgantes, telas suaves ondeando al viento y flores de todos los colores. Familiares y amigos esperaban de pie, girando al verla aparecer. Pero Aslin solo tenía ojos para una persona: Carttal, de pie junto al altar, con una expresión que parecía contener todos los años de amor, lucha y esperanza vividos hasta ese instante.

Mientras caminaba hacia él, cada paso se sentía como una promesa. Y en el aire, lleno de luz y música suave, Aslin supo que ese sería el comienzo de algo verdaderamente eterno.

Cuando Aslin llegó al final del pasillo, sus manos temblaban levemente. Pero en cuanto Carttal tomó la suya, todo se aquietó. Era como si el mundo se detuviera un instante, solo para ellos. Él la miró con una mezcla de admiración y ternura.

—Estás hermosa —susurró Carttal, con la voz cargada de emoción.

—Tú también —respondió ella, sonriendo con los ojos llenos de lágrimas contenidas.

El oficiante comenzó a hablar, su voz pausada y cálida, hablando de amor, de crecimiento, de las nuevas oportunidades que nacen cuando dos almas eligen encontrarse una y otra vez, incluso después de las dificultades.

—Esta no es una boda común —dijo—. Es una reafirmación. Una promesa renovada. Un testimonio de que el amor, cuando es verdadero, no se agota… solo se transforma.

Carttal y Aslin intercambiaron sus votos, más personales que la primera vez, más sinceros, porque ya no eran promesas hechas desde la ilusión, sino desde la experiencia y el compromiso real.

—Te elijo hoy, como lo haría cada día —dijo Aslin, su voz firme pero dulce—. Por todo lo que hemos sido y todo lo que aún seremos. Porque contigo, incluso los días difíciles se sienten como pasos hacia algo más grande.

—Y yo te elijo a ti —respondió Carttal—. Te elegí cuando no sabía a dónde íbamos, y te elijo ahora sabiendo exactamente quiénes somos. Quiero caminar contigo, siempre. Y volver a casarme contigo mil veces más si es necesario.

Las lágrimas rodaron libremente por muchas mejillas entre los invitados, y el momento en que se besaron, suave y largo, fue recibido con un estallido de aplausos y vítores. Cedric aplaudió con una sonrisa orgullosa, y Soraya no pudo evitar limpiar una lágrima furtiva antes de abrazar a Verónica.

Capítulo 113- Deseo 1

Capítulo 113- Deseo 2

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