La noche avanzaba, y mientras las risas y la música seguían fluyendo desde el jardín, Carttal y Aslin decidieron alejarse un poco de la multitud. Caminando despacio, llegaron al balcón que se encontraba en el piso superior de la mansión, donde podían ver las estrellas resplandeciendo en el cielo limpio, sin el bullicio de la fiesta que los rodeaba.
Aslin se recostó en la barandilla, mirando hacia el horizonte, disfrutando del fresco aire nocturno que acariciaba su piel. Carttal la observó en silencio, admirando cómo la luz tenue de las estrellas reflejaba en su rostro. No necesitaba palabras para describir lo que sentía; simplemente estar allí con ella era suficiente.
— Es increíble cómo todo ha cambiado, ¿no? —dijo Carttal, quebrando el silencio, mientras se apoyaba junto a ella, también mirando las estrellas.
Aslin asintió sin apartar la vista del cielo.
— Lo es. A veces me cuesta creer que todo lo que hemos pasado nos ha traído hasta aquí. Este lugar… nuestra familia… todo.
Carttal respiró profundamente, como si quisiera guardar ese momento para siempre. De repente, sus ojos brillaron con una luz diferente, algo que Aslin reconoció al instante: esa chispa que precedía a una idea que él no podía esperar para compartir.
— ¿Sabes? —dijo Carttal, su voz más suave de lo normal—. Estaba pensando en algo.
Aslin lo miró curiosa, sin decir palabra, pero él notó cómo sus ojos brillaban, expectantes.
— Quiero otra boda —dijo Carttal, y en sus ojos había un destello que sorprendió a Aslin.
Aslin lo miró fijamente, sin poder evitar reírse ligeramente.
— ¿Otra boda? —repitió, sin poder ocultar la incredulidad en su voz—. Carttal, ¿estás loco? Ya estamos casados. ¿Qué sentido tendría?
Carttal sonrió con calma, acercándose un poco más a ella, su mirada fija en la suya, como si lo que estaba por decir tuviera un peso especial.
— Y eso, ¿qué? —respondió, como si esa respuesta no le importara en absoluto—. Ya sabes lo que quiero. Esta vez quiero que estén allí el abuelo y Soraya, para que vean cómo somos ahora, para que sientan lo que yo siento, que todo esto es real. Para que vean lo que realmente hemos logrado juntos, Aslin.
Aslin lo miró, aún desconcertada por la idea, pero al mismo tiempo, una sensación cálida comenzó a llenarla. Era un deseo sincero, el deseo de compartir con los que amaban lo que él sentía en su corazón.
— Pero… —Aslin comenzó, sin saber si las palabras que saldrían de su boca serían las correctas—. Ya sabes lo complicado que ha sido con el abuelo y Soraya… No es fácil juntar a todos bajo un mismo techo, Carttal.
Carttal la miró, sus ojos brillando con una determinación tranquila, como si hubiera hecho su mente.
— Lo sé —admitió, tomando su mano suavemente—. Pero no quiero que esto quede solo entre nosotros. Quiero que se den cuenta de lo lejos que hemos llegado. De todo lo que hemos superado, de lo que somos ahora.
Aslin se quedó en silencio, mirando las estrellas, mientras el sonido distante de la fiesta seguía flotando por el aire. Era cierto que su relación había sido complicada, llena de altibajos, pero también estaba llena de momentos de crecimiento, de transformación. Habían superado tantas pruebas juntos, habían formado una familia, y quizás, sólo quizás, la idea de un segundo matrimonio, aunque inusual, tenía algo de bonito.
— Tal vez… tal vez tienes razón —dijo finalmente, su tono más suave, pensativa—. Tal vez lo que necesitamos es hacer algo simbólico, algo que nos permita dar un paso más, uno que de verdad muestre lo lejos que hemos llegado.
Carttal sonrió al ver cómo Aslin comenzaba a entender lo que él quería. Se acercó un poco más, hasta quedar a su lado, y miró las estrellas con ella.
— ¿Me acompañas en este sueño? —preguntó Carttal, su voz tranquila, casi un susurro en la calma de la noche.
Aslin lo miró, sus ojos llenos de amor y complicidad, y asintió lentamente.
— Claro que sí —respondió con una sonrisa, sintiendo una ola de calidez que la invadía por completo.
Ambos se quedaron en silencio durante unos momentos, mirando al cielo estrellado, disfrutando de la paz y la serenidad del momento. Para Carttal, era el cierre perfecto para lo que había sido una jornada llena de emociones y recuerdos. Y para Aslin, era un paso más en su camino junto a él, un paso que parecía abrir un nuevo capítulo en su vida.

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