A Caro le pareció muy extraño.
Cuando Selena entró, vio que Caro tenía su celular en la mano.
De inmediato se puso a la defensiva.
Fingiendo calma, tomó el celular para revisar el registro de llamadas.
Hacía un minuto había una llamada con terminación 6745, duración de 26 segundos.
Eso significaba que Caro había hablado con Ximena.
Selena sintió pánico, tragó saliva y le preguntó a Caro con una sonrisa forzada:
—Mi amor, ¿no te asustó el estafador?
Caro negó con la cabeza y preguntó con inocencia: —Tía, ¿cómo sabía ella quién soy yo?
—Porque... porque eres lista y bonita, y eres la princesita de la familia Torres, es normal que te conozcan. Seguro no te dejaste engañar, ¿verdad?
Selena envolvió a Caro con sus palabras y la niña no sospechó nada del teléfono.
Le repitió palabra por palabra lo que le habían dicho.
Selena estaba a punto de volverse loca.
Sentía que tarde o temprano Ximena la empujaría al abismo.
Hace dos días Ximena le pidió diez millones para ayudar a su prometido; ella no se los prestó y la insultó.
Pero Ximena estaba cegada y no escuchó ni una palabra.
Ahora diez millones se habían convertido en veinte; era fácil deducir que Ximena probablemente había vuelto a apostar.
Sintió como si una mano le apretara el corazón, empujándola a un callejón sin salida...
Ximena nunca fue una buena madre, y a ella no le importaba si vivía o moría.
Pero si no hacía nada, Ximena, para salvar su pellejo, seguro revelaría a los cobradores que era su hija.
Si esos tipos se le pegaban, los problemas serían interminables.
Tras dudar un momento, Selena le encargó a Caro que no le contara a nadie sobre la llamada de los estafadores.

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