Karina y Ariel habían llegado en una patrulla.
Era obvio que la patrulla no los llevaría de regreso.
Diego, Simón y el director Lemus tampoco mostraron intención de llevarlos.
Una vez resuelto el asunto, los tres se fueron por su cuenta.
Karina quiso invitarlos a comer, pero ninguno aceptó la invitación.
Al final, Ariel fue el único que se quedó con ella.
Encontraron un pequeño restaurante y pidieron dos platos de fideos.
Después de comer, Karina quería volver al trabajo.
Ariel intentó convencerla:
—Deberías descansar.
Pero Karina se conocía mejor que nadie; en ese momento, su deseo de trabajar era más fuerte que nunca.
Aunque su cuerpo descansara, su mente no estaría tranquila.
La familia Torres tenía un poder inmenso en Ciudad Centauro.
Si no hubiera sido por Diego, ella y Ariel habrían estado a su merced.
Por eso necesitaba trabajar, enfrentarse a Fabio en el campo de los chips y demostrar quién era mejor.
—No te preocupes, ya estoy bien.
—Pediré la cena esta noche. Trae a Melisa y coman en mi casa.
Una pequeña sonrisa se dibujó en los labios de Karina.
En su rostro sin maquillaje, la sonrisa era serena y ligera.
Hoy era un día nublado en Ciudad Centauro. El viento soplaba con fuerza, agitando el cabello de Karina y el cuello de su blusa de estilo francés.
Con el bolso colgado al hombro, su figura desapareció rápidamente de la vista de Ariel.
El celular de Ariel, que estaba a su lado, sonó.
Lo levantó y se lo puso en la oreja, sin apartar la vista de la dirección en la que Karina se había ido.
Su interlocutor habló con un tono perezoso:
—Disculpe, jefe, ¿alguna otra orden? Si no, me retiro.
Ariel respondió sin prisa:
—Dos cosas…
—¿Otras dos? ¿Siempre son dos?
—¿Tienes algún problema?
—No, no, para nada. De hecho, podrían ser tres, o cuatro.
—¿Acaso quieres que tenga tantos problemas?
La otra persona rectificó:
—…Ordene, por favor. Estoy a su entera disposición.
Cuando Karina llegó a Viva Chip, todavía era la hora del almuerzo.
En la recepción había tres chicas jóvenes.
Estaban juntas, mirando algo con los ojos brillantes de emoción.
Karina no les prestó atención y se fue a ocuparse de sus asuntos.
La chica de pelo largo no pudo contener su entusiasmo.
[Una amiga me mandó esto. Vio con sus propios ojos a nuestra directora Karina metiéndose a un hotel con un hombre. El director Torres, de Andes Chip, los cachó, ¡y el amante acabó golpeando al director!]
[¿Qué? ¡Qué asco! ¿Cómo se atreve?]
[Miren qué triste se ve la princesita de la familia Torres. Solo tiene cinco años. La directora Karina es una desgraciada, destruyó un hogar feliz.]
[¿No oyeron lo que dijo Fabio? Que la directora Karina solo se casó con él para usarlo de trampolín… qué arpía.]
[Mi amiga dice que el video fue bloqueado en internet por violar las normas, quién sabe quién lo hizo.]
[Pero bueno, al menos se puede compartir por WhatsApp. Lo voy a mandar a nuestro grupo de trabajo privado, jeje…]
Durante la hora del almuerzo, Karina preparó el plan de trabajo a seguir.
En cuanto terminó el descanso, convocó a todos a una reunión.


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