¿Juntos?
Ariel se sorprendió de nuevo.
Le leía cuentos a Melisa, veían libros ilustrados, jugaban, pintaban juntos… pero nunca le había cantado una canción infantil.
Y menos delante de Karina.
¿Y si se reía de él?
Ariel bajó la cabeza y se tocó la nariz.
Cantar la canción del conejito bueno también era un desafío considerable para Karina.
Una vez intentó cantársela a Caro para dormirla, pero Caro le dijo con cara de asco:
[Mamá, esa canción no te va, la cantas horrible.]
En ese momento, se sintió tan avergonzada que juró no volver a cantar esa canción en su vida.
Pero hoy, por su pequeña salvadora, estaba dispuesta a dejar la vergüenza a un lado.
Al ver que Ariel no se negaba, Karina se armó de valor y dijo:
—Contaré hasta tres y empezamos a cantar juntos.
—Uno…
Ariel tenía las manos detrás de la espalda.
Parecía tranquilo y sereno.
Pero mientras escuchaba la cuenta de Karina, la tensión lo hizo apretar los dedos sin parar.
—Dos…
—Tres…
Ariel abrió la boca obedientemente.
—Conejito…
No terminó la primera frase y se detuvo.
Miró a Karina con el ceño fruncido.
¿Se estaba burlando de él? Él había empezado a cantar, pero ella ni siquiera movió los labios.
Karina sonrió a modo de disculpa.
—Perdón, perdón. Tenía miedo de que si yo cantaba, tú no lo harías.
Ariel no supo qué decir.
¿Tan poca confianza le tenía?
Karina se animó de nuevo.
—Venga, otra vez.


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