Ximena recordó que, cuando quería tomar fotos, Ramiro le decía que su rostro era solo para que ella lo viera, y la tenía tan embobada que se lo creía...
Carajo, realmente la habían estafado.
¿Pero qué le había robado Ramiro?
No le pidió ni un peso, tampoco la tocó, y al contrario, gastó mucho dinero en ella.
Le compró bolsas, un coche, la llevó a comer y a pasear...
Selena se quitó el cubrebocas; ya no quedaba ni rastro de su habitual dulzura.
Su cara estaba morada del coraje.
—Si te mueres será por estúpida... Un hombre guapo y rico puede tener a la mujer que quiera, ¿por qué te buscaría a ti? Incluso una muñeca inflable debe ser más cómoda que tú, vieja llena de plásticos.
Ximena se negaba a creer que Ramiro la hubiera engañado y le gritó a Selena con la cara roja:
—¿Qué me robó? Dime, ¿qué me robó? Ni siquiera me besó en la boca, no solo no gasté un centavo en él, sino que él gastó en mí.
Eso era exactamente lo que Selena no entendía.
Ese hombre, ¿quién era? ¿Qué buscaba?
Lo desconocido suele ser lo más aterrador.
Lo seguro era que no iba tras Ximena, ¿qué valor podía tener ella?
Si no era contra Ximena, ¿entonces era contra ella?
Selena comenzó a sudar frío.
De repente, una idea cruzó por su mente.
¡Karina!
¿Era otra trampa de Karina?
Igual que el incidente de los tacones, donde un pequeño error suyo se extendió hasta Fabio y afectó a Andes Chip...
Selena se dejó caer en el sofá, desconsolada.

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