—Fui a jugar con Jimena, y él le advirtió que no jugara con una bastarda.
—Entonces, Jimena no tuvo más remedio que unirse a ellos y también me llamó bastarda.
Karina contuvo el aliento.
La calma que había logrado se convirtió en una tormenta.
¿Bullying en grupo?
Ella había pasado por algo similar en la primaria.
La aislaban por sacar buenas calificaciones.
Su padre le había enseñado que a la gente que la molestara, debía devolverles el golpe, ojo por ojo, si quería que la respetaran.
Pero Ariel no parecía haberle dado esa misma guía a Melisa.
Karina vio que Ariel apretaba los labios, con el rostro tan sombrío que parecía a punto de estallar.
—Voy a hablar con los padres de Ignacio ahora mismo —dijo Ariel, dándose la vuelta con aire amenazador.
Karina, después de calmar a la pequeña, ahora tenía que calmar al grande.
Decidió que ella misma le enseñaría a su pequeña salvadora.
—Profesor Solano, ¿qué te parece si adopto a Melisa como mi ahijada?
Ariel se detuvo en seco al escucharla.
Se giró y vio a Karina mirándolo, con una expresión completamente seria en sus ojos.
La alegría de Ariel fue incontenible.
—¿De verdad?
Los ojos llorosos de Melisa brillaron.
—¿En serio, señora? ¿Puede ser mi mamá?
Karina la corrigió.
—Dije madrina…
—Una madrina también es una mamá, ¿no? ¿Puedo llamarte mamá ahora?
Karina se quedó perpleja por un instante, pero asintió.
—¡Mamá!
Melisa abrazó con fuerza el cuello de Karina.
Temiendo apretar demasiado y dejarla sin aire, la soltó un poco.

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