—Me encanta el collar que escogió Caro, no sé si Caro podría regalármelo.
Belén tosió y golpeó la mesa con el trapo que usaba para limpiar, advirtiendo a Caro.
Caro levantó la vista, miró a Belén y luego a Selena, con el rostro lleno de indecisión.
Era como un ratoncito con dos caminos por delante.
Uno llevaba al queso, pero había un gato vigilando.
El otro no tenía gato, pero tampoco había comida.
Ella apretó el collar con fuerza en su mano, se lo extendió un poco a Selena y luego lo retrajo.
Selena se cubrió la boca para disimular un bostezo de cansancio y acarició la mejilla de Caro:
—No te preocupes, si no quieres dárselo a tu tía, eso no hará que te quiera menos.
Caro recordó que cuando tuvo fiebre, Selena se quedó a su lado sin comer ni beber.
Al ver las ojeras oscuras de Selena por haberla cuidado, sintió remordimiento.
Los ojos de Selena seguían fijos en el collar, como si realmente le gustara muchísimo.
Caro pensó que, de todos modos, su mamá no iba a dejar de querer que Melisa Solano volviera a su lado solo por un collar.
Pero su tía había estado siempre con ella.
Dejando de lado que era un regalo de cumpleaños, su tía merecía tener ese collar más que su mamá.
—Tía, te lo regalo.
Finalmente, Caro le puso el collar a Selena en el cuello.
Belén, furiosa, tiró el trapo al bote de basura.
No estaba enojada con Caro, estaba enojada consigo misma.
¿Para qué le había hecho esa llamada de «felicitación» a Karina?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío