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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 190

La mirada de Karina siguió a Ariel, brillante e intensa.

Las palabras de aquel hombre, aparentemente casuales, escondían una profunda astucia que había que saborear para comprender.

El Templo de San Judas de Los Olivos era un lugar que enfatizaba la meditación y la «mente serena».

Allí, rezar no era tan simple como encender tres velas y arrodillarse. Había un riguroso proceso que se extendía desde antes del amanecer hasta el anochecer. Y con dos periodistas transmitiendo en vivo para supervisarla, a Selena le esperaba un verdadero calvario.

Karina sentía una genuina curiosidad por saber cómo se le había ocurrido a Ariel lo del Templo de San Judas de Los Olivos. Y más curiosidad aún por las historias que ocultaba su pasado, aquellas que le habían forjado esa calma de quien lo ha visto todo y esa sabiduría que no necesitaba ser exhibida.

La lesión en el pie de Karina no era grave, pero le impedía pisar el acelerador y el freno. Así que, por el momento, no podía conducir. Ariel la llevó de regreso a casa.

Mientras se abrochaba el cinturón de seguridad, Karina le preguntó:

—¿Por qué viniste?

Ariel había estado viendo la presentación cuando, en una toma fugaz, vio a Fabio y a Selena. Preocupado por Karina, había decidido ir.

Ariel sonrió con resignación.

—Si no vengo a buscarte, ¿tú no me buscas a mí?

Karina se quedó sin palabras por un momento. Tras una pausa, dijo:

—He estado muy ocupada…

Ariel arrancó el carro y se dirigió hacia la salida.

—¿Ya encontraste un kínder para Melisa? —preguntó Karina.

—Todavía no. Quiere ir al mismo que Jimena.

—Si confías en mí, deja que su madrina se encargue de buscar el kínder.

—Estaría encantado.

Ambos sonrieron.

Solo al salir del estacionamiento subterráneo, Karina se dio cuenta de que Ariel no había respondido a su pregunta sobre por qué había venido.

—¿Ya sabías lo de los tacones? —le preguntó Ariel a Karina.

—Sí. Cuando fui a Plaza Los Flamingos, me di cuenta de que Selena me estaba siguiendo.

—Conducía mi antiguo carro, lo reconocí al instante por el retrovisor, así que estuve alerta.

—Primero compré ropa y, una vez que confirmé que me seguía, fui a encargar los zapatos. Le dije a la vendedora que hiciera lo que Selena le pidiera. Por eso no se fue inmediatamente después de entregar el paquete.

—¿Y por qué no confrontaste a Selena directamente?

—Ya viste lo mucho que la protege Fabio… —dijo Karina con una sonrisa de impotencia.

—Si la hubiera confrontado directamente, a lo mucho me habrían pagado un par de zapatos nuevos y me habrían dado una disculpa vacía. No me interesaba eso.

—Pero al incluirte a ti misma en el plan, te lastimaste. ¿No te duele el pie?

—Duele, pero una vez que lo superas, la satisfacción lo compensa.

Ariel miró a Karina, con una punzada de dolor en el pecho.

Ella lo contaba con una ligereza pasmosa, pero solo ella sabía el caos y el dolor que había tenido que atravesar.

Rara vez se arrepentía de sus decisiones. Pero en ese momento, se arrepintió de no haber sido más valiente en el pasado y haberle arrebatado a Karina de las manos de ese patán de Fabio.

***

Mientras tanto, en el Hospital de la Santa Caridad.

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