Sin embargo, al día siguiente, tuvo que levantarse a las tres de la madrugada.
Repitió la misma rutina del primer día.
Pero fue aún más insoportable y aterrador que el día anterior.
Unos cuantos internautas, autoproclamados justicieros de internet, se hicieron pasar por feligreses y entraron al Templo de San Judas de Los Olivos.
Encontraron a Selena arrodillada, rezando.
Le lanzaban velas encendidas, y en varias ocasiones casi le prenden fuego al cabello.
Los periodistas no tuvieron más remedio que cortar la transmisión en vivo.
También le lanzaban miradas de desprecio.
Selena intentó llamar a Fabio para que le tuviera lástima, pero la primera frase de Fabio fue:
[Seli, estoy muy ocupado. Los adultos tienen que pagar por sus propios errores, ¿no crees?]
¿Ni siquiera su hermano se preocupaba ya por ella?
Selena, sosteniendo el teléfono después de que le colgaran, hundió la cabeza entre las rodillas y lloró desconsoladamente, como un animal enjaulado.
Al tercer y cuarto día, Selena no solo estaba mentalmente destrozada, sino que su cuerpo tampoco podía más.
Un resfriado, sumado a la falta casi total de sueño, la hacía parecer una enferma mental que había perdido el alma.
Los internautas, temiendo que se suicidara, dejaron de insultarla y pasaron a consolar a Karina en su cuenta.
[No estés triste, estamos aquí para protegerte.]
[Un hombre que no te ama es como la leche caducada, conservarlo solo te envenenará.]
[Perderlo no es tu pérdida, que él te pierda es su castigo.]
Después de consolar a Karina, los internautas se volcaron a atacar a Fabio, sin dar tregua.
La cuenta personal de Fabio y la cuenta oficial de Andes Chip fueron bombardeadas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío