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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 189

La voz de Isabel resonó desde atrás mientras se abría paso entre la multitud, trayendo consigo a la vendedora.

La joven miró a Selena con nerviosismo.

De repente, Selena sintió como si el mundo se le viniera encima. Se quedó paralizada, como si un rayo la hubiera partido en dos.

Los periodistas apuntaron sus cámaras directamente al rostro de la vendedora.

Ella intentaba apartar los lentes con las manos, con la cabeza tan gacha que casi se la metía en el pecho.

—¿Quién es usted? —la interrogó un periodista con dureza.

—¿Qué le hizo la directora Karina?

—¿Sabe que lo que hizo es un delito?

—Y usted se dedica a vender zapatos… ¡Gente como usted debería ser pisoteada…!

Incapaz de soportar el interrogatorio y el sarcasmo, que se sentían como una tortura lenta, la vendedora explotó, resignada:

—¡Está bien, confieso! ¡Fui yo!

La multitud guardó silencio, solo se escuchaba el cliquear de las cámaras.

Con los ojos enrojecidos, la vendedora señaló a Selena.

—¡Fue ella quien me pidió que lo hiciera!

Selena miró a Fabio con pánico e inmediatamente lo negó.

—Ni siquiera te conozco, ¿por qué me acusas?

—¿Que si te acuso en falso? Escuchemos esta grabación y lo sabremos.

La vendedora sacó su celular y reprodujo un audio.

[Lo ideal es que se tuerza el tobillo y se caiga. Mientras más grave sea su lesión, más dinero te daré…]

La voz de Selena, suave, joven y dulce, era inconfundible.

Cualquiera que hubiera hablado con ella la reconocería, y mucho más Fabio, que la conocía tan bien.

Fabio apretó los puños con tanta fuerza que las venas del dorso de sus manos se marcaron.

Se giró para mirar a Selena, cuyo rostro ardía de vergüenza. La incredulidad lo paralizaba.

—¿Querías hacerle daño a Karina? —Su voz era tan fría que parecía venir del infierno.

Selena, llorando, se aferró a la ropa de Fabio para explicarse:

—Caro quería ver a su mamá. No se me ocurrió otra cosa. Pensé que si el pie de mi cuñada también se lastimaba, podría empatizar con Caro y quedarse con ella en el hospital.

—Fabio, de verdad lo hice por Caro. Si no me crees, pregúntale a ella si no quiere que su mamá la acompañe.

Al mencionar a Caro, los puños de Fabio se relajaron lentamente.

Ayer mismo, Caro le había dicho una tontería: [Papá, si me lastimo un poco más, ¿crees que mamá querrá venir a cuidarme?]

Ver su carita triste le partía el corazón a él, que era un hombre, así que ¿cómo no iba a afectar a Seli, que sentía el mismo dolor?

El profundo amor de Seli por Caro la había llevado a perder el juicio, a cometer un error con buenas intenciones…

Karina vio cómo el rostro sombrío de Fabio volvía gradualmente a su inexpresividad habitual. Supo que, una vez más, se había tragado las mentiras de Selena y se disponía a protegerla.

«Que la proteja. No es la primera ni la última vez. Ya me esperaba este resultado».

«Pero esta vez, no le será tan fácil salir bien librada…»

Fabio se acercó a Karina.

—Hazlo por el hecho de que ella ha estado cuidando de Caro por ti…

—Director Torres, por favor, cuide sus palabras —lo interrumpió Karina.

—¿Qué relación tengo yo con ella? ¿Por qué tendría que cuidar a mi hija en mi lugar? Ella cuida de su hija porque está contigo. No intentes endosarme a mí esa deuda de gratitud, no me corresponde.

—Entonces, ¿qué es lo que quieres?

Fabio dejó clara su postura: no abandonaría a Selena.

Todos los presentes conocían la ambigua relación entre Fabio y Selena.

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