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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 69

Eliana no quería que Valeria, por intentar defenderla, corriera ni un solo riesgo más. Ya había hecho suficiente por ella.

Al ver que Eliana detenía a su amiga, Manuel aprovechó para dar un paso al frente.

—Eliana, vuelve a casa conmigo —dijo. Tal vez, el haber "ganado" la mediación lo había puesto de mejor humor, pero su tono cargaba esa misma arrogancia condescendiente que ella conocía tan bien—. Cuando Esther tenga a su bebé, me encargaré de instalarlas en otro lado. Y entonces, nosotros podremos seguir con nuestra vida.

Hizo una pausa, como si estuviera haciendo un sacrificio enorme: —Admito que últimamente te he descuidado. Pero el título de la señora de Romano siempre será tuyo. Eso no va a cambiar. Sé que eso te importa. Si te lo oculté todo este tiempo, fue solo para evitar que los chismes lastimaran a Esther.

Continuó, convencido de tener toda la razón: —Hagamos de cuenta que nada de esto pasó. Y te pido que mantengas en secreto lo del embarazo de Esther.

Eliana lo miró, sintiendo que la situación rozaba lo absurdo. Abrió los labios y, con voz pausada, preguntó:

—¿Estás tan seguro de que a tu querida Esther le bastará con eso?

Manuel no lo dudó ni un segundo. —Ella no es así. Es muy prudente y sabe cuál es su lugar. Todo este tiempo ha sido ella quien me ha insistido para que te busque y arregle las cosas.

Al escuchar eso, Eliana dejó escapar una pequeña risa.

Miró al hombre frente a ella y lo sintió como un completo extraño.

En el mundo de los negocios, Manuel era un depredador: brillante, implacable y con un ojo clínico para detectar mentiras.

Pero cuando se trataba de mujeres, era asombrosamente ciego.

Decía que Esther era "prudente y sabía su lugar".

Que era tierna, silenciosa y que no buscaba problemas.

Pero él no tenía idea de que ni ella, ni Esther, encajaban en ese perfil.

El gran y exitoso Manuel Romano, no entendía a ninguna de las dos.

O tal vez, nunca se había molestado en conocerlas realmente.

Por fin, Eliana admitió para sí misma que había estado ciega de amor al idolatrar a un hombre así.

Al salir de la sala de mediación, la abogada Vargas dejó escapar un largo suspiro.

—¿Te arrepientes de algo?

Capítulo 69 1

Capítulo 69 2

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