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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 4

—¿Señora Eliana? Soy Carmen Vargas.

—Abogada Vargas —Eliana se puso de pie y le tendió la mano.-

—Siéntese —indicó Carmen, sacando una silla frente a ella—. Primero necesito entender su situación a grandes rasgos.

Abrió su libreta de inmediato.

Eliana respiró hondo y relató en resumen lo que habían sido esos tres años.

Al llegar a la parte de la muerte de su padre, su voz se quebró. Hizo una pausa de unos segundos para estabilizar su respiración y continuó.

Carmen no la interrumpió, solo tomaba notas con rapidez.

Cuando terminó, la sala quedó en silencio por un momento.

—¿Qué espera obtener de este matrimonio? —preguntó Carmen, levantando la vista.

Eliana bajó la mirada, apretó los dedos y luego los soltó: —Libertad.

Hizo una pausa y añadió: —Y todo lo que me corresponde por derecho como la señora de Romano.

—Propiedades, dinero, acciones... Lo quiero todo.

Al decir eso, ella misma se sorprendió.

No sabía que podía expresar con tanta naturalidad lo que "quería".

Carmen la observó y un destello de aprobación cruzó su mirada: —Perfecto.

Revisó sus notas: —Dada su situación, todas esas son exigencias normales. Pero hay dos problemas.

Hizo una pausa.

—El primero es que firmaron un acuerdo prenupcial. Si nos regimos por él, la cantidad de dinero que le tocaría es mínima.

—El segundo es que usted no tiene idea de a cuánto asciende su patrimonio.

—La estructura accionaria del Grupo Romano es compleja, y él no es el único en la familia. Necesitamos rastrear sus activos personales con la mayor precisión posible.

—Además, la familia Romano es un imperio. Gastan cifras astronómicas cada año en su propio equipo legal —Carmen fue muy directa—. Con todo respeto, si usted pide el divorcio ahora sin pruebas, lo más probable es que se quede sin un centavo.

Las uñas de Eliana se clavaron en sus palmas, pero no discutió.

Sabía que esa era la realidad.

Eliana se paró bajo un alero, sacó su celular y abrió una conversación que llevaba mucho tiempo inactiva.

*Maestro, quiero volver al estudio.*

Al enviar ese mensaje, su corazón comenzó a latir con fuerza.

Había sido discípula del Maestro Dario durante casi veinte años, y era su aprendiz más destacada. Su técnica de restauración de pintura virreinal era magistral, y su talento natural era impresionante.

Pero luego se casó. Estuvo tan ocupada cuidando de Manuel y manteniendo las apariencias de la familia Romano, que poco a poco se distanció de su maestro y de sus compañeros. Aparte de los saludos de Navidad o cumpleaños, no tenían contacto.

Pensó que no recibiría respuesta, pero en menos de diez minutos su teléfono sonó.

*Maestro: Puedes volver cuando quieras, seguimos en la misma dirección.*

Un mensaje tan simple.

Eliana, de pie bajo la lluvia, sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Miró el cielo grisáceo y tomó una gran bocanada de ese aire húmedo.

*Eliana: Gracias, Maestro. Nos vemos mañana.*

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