César pareció escuchar los pensamientos de Luis; le lanzó una mirada afilada acompañada de un guiño significativo.
Luis, que entendía a la perfección, captó de inmediato la orden de su jefe y envió rápidamente un par de mensajes. Tenía que advertirles a los especialistas que no fueran a meter la pata durante la consulta: debían unificar la versión y confirmar que el problema se debía a que su jefe era "incapaz".
De regreso al hospital.
Eliana se sometió dócilmente a una batería de exámenes. Todas las pruebas se procesaron con urgencia, por lo que los resultados saldrían pronto.
Mientras esperaba, Eliana sentía una angustia terrible y rezaba para que ocurriera algún milagro.
Cuando los últimos resultados llegaron a manos de los especialistas, volvieron a negar con la cabeza, manteniendo el diagnóstico previo.
A excepción del Dr. Mateo Santos, el experto en medicina alternativa.
El Dr. Santos, un médico naturista de cabello completamente blanco, parecía muy entrado en años; le temblaban las manos y caminaba con dificultad. César había mandado un avión privado a recogerlo, lo cual no había sido tarea fácil.
El anciano doctor le tomó el pulso a Eliana y luego sacó los resultados anteriores para compararlos.
Miró el rostro de la joven durante un largo rato y finalmente habló, haciendo pausas extensas:
—La situación... no es optimista. El embrión... no presenta latido... los exámenes indican que no tiene viabilidad...
El doctor repetía lo que ya habían escuchado cien veces. Eliana apretó la tela de su ropa con fuerza, dispuesta a perder la esperanza.
—Sin embargo... —soltó el anciano cambiando el tono.
Ese "sin embargo" encendió una chispa de esperanza increíble en ambos. Eliana levantó la mirada de golpe y César, que tenía las manos relajadas, apretó los puños.
—Conocí un caso una vez... el latido se desarrolló de forma inusualmente lenta, hasta el punto de que no se detectaban signos vitales. Pero en las etapas avanzadas del embarazo, de pronto apareció y el bebé nació sano. Quizás, señorita, su caso sea parecido.
A los dos les brillaron los ojos al instante.
—Sin embargo... —El doctor volvió a tomar aire, solo para ser interrumpido por un ataque de tos severo.

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