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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 380

De cualquier manera, no le dio demasiada importancia.

Simplemente le vino a la memoria que, en el pasado, también había ido al cine con Manuel.

Había sido el otoño anterior, justo el día de su cumpleaños. Manuel, por estar consolando a Esther Garza, no había llegado o, mejor dicho, había olvidado por completo celebrarlo. Para compensarla, él mismo le propuso acompañarla al cine.

Como era rarísimo que Manuel le dedicara algo de su valioso tiempo, seguro esperaba que Eliana se deshiciera en lágrimas de gratitud.

Eliana ya ni siquiera recordaba el título de la película, porque ninguno de los dos prestó la más mínima atención a la pantalla.

En ese momento, ella tenía la cabeza llena de planes sobre cómo conseguir el divorcio, mientras que Manuel, aunque su cuerpo estaba sentado en la butaca, mantenía la pantalla de su celular encendida todo el tiempo, leyendo y respondiendo mensajes, con su mente a kilómetros de distancia, enfocada en otra persona.

—¿Qué película quieres ver? —preguntó César, sacándola de sus pensamientos con un tono suave y girándose hacia ella.

—*Titanic* —respondió Eliana sin pensar demasiado.

Un clásico inolvidable, tan majestuoso como trágico.

A mitad de la película, Eliana sintió que los párpados le pesaban demasiado. Dejó caer la cabeza, apoyándose en el ancho hombro de César. Con el inconfundible y fresco aroma a pino y nieve que emanaba de él envolviéndola, se quedó profundamente dormida.

El cuerpo de César se tensó al instante. No se atrevió a mover ni un solo músculo. Con una lentitud casi agónica, estiró su brazo libre para alcanzar una manta del sofá y la cubrió con extremo cuidado.

Luego, siguió viendo la película en silencio.

Los destellos de la pantalla iluminaban su rostro de facciones afiladas, alternando entre la luz y la sombra. Para alguien como él, con una agenda cronometrada al milímetro, donde trabajar de madrugada era la norma, esto era un lujo impensable.

Y aun así, había entregado gustosamente dos horas de su vida para ver un viejo clásico romántico.

Cuando aparecieron los créditos, cargó a Eliana con delicadeza y la llevó a la cama. Después de arroparla, apoyó suavemente la palma de su mano sobre el vientre de ella, sintiendo el calor a través del pijama.

Horas antes, había recibido el informe preliminar de los ocho especialistas: el embrión no presentaba latido ni desarrollo viable; sugerían la interrupción del embarazo lo antes posible.

César se quedó allí, velando el sueño de Eliana en absoluto silencio. No pegó el ojo en toda la noche.

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