Cuando César escuchó todos los pasos necesarios para preparar la cena, frunció el ceño de inmediato.
—Cocinar no debería ser tan complicado. Requiere demasiada energía y no quiero que te agotes —había sentenciado César.
—¿Estás seguro de que no es porque tienes miedo de que canse a tu hijo? —Eliana arqueó una ceja, retándolo con la mirada.
César no se inmutó; simplemente aprovechó el momento para rodearla con sus brazos y, con un tono suave, desvió la conversación sin esfuerzo: —Mira, ese hombre que está ahí abajo parece un perro abandonado. —Señaló una sombra desde la ventana.
Eliana siguió la dirección de su dedo.
Con la lluvia cayendo y el cielo completamente oscuro, apenas se distinguía una silueta difusa.
Jamás se le cruzó por la cabeza que pudiera ser Manuel. Principalmente porque no podía imaginar a Manuel parado bajo la lluvia, inmóvil y sin hacer nada. Ese tipo de cursilerías o "estupideces" eran algo que él siempre había despreciado.
Manuel siempre calculaba su tiempo al milímetro para maximizar sus beneficios. Nunca perdería el tiempo así.
Pero César sabía perfectamente quién era. Pedro se lo había confirmado.
Por eso, había guiado a Eliana estratégicamente hacia la ventana, abrazándola con fuerza por la espalda y apoyando la cabeza en su hombro.
Desde esa posición, si la persona de abajo levantaba la vista, lo único que vería sería su íntima y protectora cercanía.
Eliana no se dio cuenta en absoluto del pequeño juego de poder de César.
Su mente estaba enfocada en otra cosa. Durante los últimos días, cada vez que ella mencionaba al bebé que esperaba, César evadía el tema. Estaba segura de que no eran imaginaciones suyas, por lo que hace un momento lo había provocado a propósito.
A eso se sumaba el hecho de que César la trataba con un cuidado casi exagerado; toda su atención estaba sobre ella, como si fuera una muñeca de porcelana a punto de romperse.
Definitivamente, César le estaba ocultando algo.
—Quién sabe por qué estará bajo la lluvia, teniendo un auto ahí mismo para resguardarse —comentó ella a la ligera. Alguien capaz de conducir un coche como ese no podía ser un vagabundo.
—Ve tú a saber —respondió César con una burla fría—. Tal vez cometió un error imperdonable y está pagando las consecuencias.

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