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La doble vida de la esposa traicionada romance Capítulo 194

Al recordar las nulas posibilidades de supervivencia de su verdadera «Ei-ei» y la forma tan tajante y fría en la que Eliana se había marchado, Manuel dejó escapar un profundo suspiro que le rasgó la garganta.

—Yo estoy bien, pero tú pareces destruido. ¿Qué pasó? —insistió Ricardo, sirviéndole el té.

Manuel sonrió con amargura, sin saber ni siquiera por dónde empezar.

Al ver su estado, Ricardo decidió no presionarlo y, en cambio, compartió una noticia que le devolvía la esperanza:

—Seguro que esto te alegrará: ¡hay una gran posibilidad de que mi hermana siga viva!

Manuel se puso de pie de un salto, con los ojos muy abiertos.

—¿Qué dijiste?

Ricardo le relató cómo había encontrado el colgante y cómo los registros policiales confirmaban que un oficial había rescatado a una niña pequeña de un contenedor de basura aquella misma noche.

—Sin embargo, cuando rastreé su paradero hasta el orfanato, las pistas desaparecieron de repente. Es como si alguien hubiera borrado deliberadamente su rastro —explicó Ricardo, con el ceño fruncido—. Pero eso mismo es lo que me da esperanza. Demuestra que probablemente sigue viva, ¿por qué otra razón alguien se tomaría la molestia de encubrir la existencia de una niña huérfana?

—Es una excelente noticia... —respondió Manuel. Tras tantos golpes, por fin algo bueno pasaba.

Ricardo lo observó con atención. Manuel seguía viéndose abrumado por la culpa.

El Grupo Romano acababa de cerrar una fusión importantísima y los negocios iban viento en popa. Si Manuel estaba tan deprimido, tenía que ser por un problema personal.

—Y dime... ¿cómo están las cosas con tu esposa? —preguntó Ricardo con un tono casi paternal—. Sé que lo pasaron muy mal por culpa de esa impostora de Esther. Fue mi culpa haber traído ese problema a su matrimonio, y lo siento mucho.

—Tú no tienes la culpa, Ricardo. ¡Fui yo quien arruinó todo! —La voz de Manuel se quebró, la culpa era auténtica. Durante años creyó que Eliana era una mujer sumisa, tranquila y sin exigencias, que no necesitaba que le prestara atención.

Solo cuando ella desapareció de su vida por completo comprendió que jamás se había tomado la molestia de conocer a la verdadera Eliana.

—Las mujeres necesitan paciencia y cariño. Eres un hombre excepcional, estoy seguro de que si te disculpas y le demuestras tu amor, ella terminará perdonándote —le aconsejó Ricardo. Aunque nunca se había casado, su experiencia con mujeres era legendaria.

Capítulo 194 1

Capítulo 194 2

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