Eliana negó con la cabeza: —No.
Su voz sonó apenas como un susurro, como si intentara cortar cualquier lazo con ese recuerdo.
Valeria la miró de reojo y, de repente, levantó la mano para alborotarle el cabello: —Bueno, ya no hablemos del pasado. ¡Hablemos del futuro!
—¿El futuro?
—¡Ya lo decidí! —Valeria golpeó el volante con emoción—. ¡Te voy a conseguir veinte prospectos de primera!
—...No empieces.
—¡Confía en mí! Te buscaré lo mejor de lo mejor: abdomen marcado, espalda ancha, piernas largas. Hombres que sepan escuchar y te den apoyo emocional real.
Y luego soltó una última puñalada: —Te juro que no tendrán nada que ver con el imbécil de tu ex.
Eliana rio ante la ocurrencia: —Aún no me divorcio, es el casi ex.
El auto por fin llegó al complejo residencial en el Distrito Oeste.
Los jardines estaban impecables, el ambiente era muy tranquilo y casi no había gente. El aire olía a pino y tierra húmeda.
Mientras subían el equipaje, Valeria le contaba: —Los dueños se la pasan viajando. Les dije que eras artista, que tenías un carácter muy tranquilo y no hacías ruido, y les encantó la idea.
Eliana abrió la puerta. El lugar era luminoso, limpio y con una agradable brisa cruzada.
Por la ventana se veían los árboles y el sol. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que respiraba de verdad.
—Amiga.
Eliana se volteó: —¿Sí?
—¡Felicidades por salir de ese infierno! —Valeria se puso las manos en la cintura—. ¿Salimos a celebrar en la noche?
Eliana sonrió: —Me parece perfecto.
—Tengo que ver a un cliente en la tarde, paso por ti más al rato.
—Vale.
Tras la partida de Valeria, Eliana comenzó a desempacar.
Arrastró la maleta hasta la recámara y fue sacando sus cosas una por una.
Colgó la ropa y acomodó meticulosamente sus materiales de pintura en la habitación de al lado.


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