—Pero Mauro lo dijo bien clarito: si Sofía no le pide disculpas a Olivia, no solo va a cerrar esa empresa chiquita que apenas está levantando, también va a buscar la forma de destruir todo lo que yo tengo en las manos.
Al escuchar eso, el rostro de Ivana se tensó, mostrándose extrañamente seria.
La familia Ardila siempre ha sido de palabra. Lo que dicen, lo cumplen.
Isidora, sintiéndose todavía agraviada, aprovechó para contar con queja lo que le pasó al buscar a Sofía.
—¡Ya se pasó de lanza!
Ivana, furiosa, sentía que todo el cuerpo le ardía. De un tirón se quitó la chaqueta de Oliver y su propio chal, y los aventó al sillón.
—Voy a ir yo misma, y me voy a llevar a la tía y a todos los demás. Que vean con sus propios ojos que Sofía no tiene lo que se necesita para estar al frente. Así de una vez por todas se les quita esa idea absurda.
Ivana estaba tan indignada que parecía que no iba a detenerse.
Al oírla, Oliver se apresuró a detenerla, sujetándole el brazo.
—Oye, Ivana, ¿ya olvidaste lo que te dije? Si Sofía hereda a la familia Santana, nosotros podemos echarle una mano. Pero si termina cayendo en manos de alguien más, cuando todo se venga abajo, nosotros ni chance de ayudar tendremos; al final de cuentas, somos forasteros para ellos.
Eso bastó para que Ivana se calmara de golpe.
Apretó la mandíbula, la cara llena de dudas.
Aunque Sofía fuera su hija, la verdad es que no quería verla al frente de la familia Santana. Eso era parte de la lealtad que sentía por la familia.
Pero… lo que decía Oliver tenía su lógica.
Si Sofía no tomaba el control, la única opción que quedaba era Julia Santana.
En su momento, ella y Oliver se vieron obligados a separarse por culpa de Julia, quien se opuso con todas sus fuerzas a su unión, y encima los mayores de la familia la apoyaron, obligando a Ivana a alejarse de los Santana.
Durante años, en el fondo, nunca dejó de culparla por eso.
—Entonces…
Ivana titubeaba.
Oliver le tomó la mano y la cubrió con la suya, dándole unas palmaditas tranquilizadoras.
—Si de plano ya no puedes con la incomodidad, ¿por qué no aprovechamos todo esto para que la familia Santana reconozca a Sofía como heredera de una vez?
—¡Eso no!
Ivana ni lo dejó terminar, lo miró con ojos duros y rechazó la idea de inmediato.
Se giró, lanzándole una mirada de reproche.
¿Cómo podía sugerir algo así?
—Piénsalo. Si siguen indecisos, lo único que logran es abrirle la puerta a los Ardila, y entonces nos arrastran a nosotros en sus problemas.
Oliver insistió, usando un tono lleno de segundas intenciones.
Ivana estuvo a punto de responder, pero se detuvo. Miró a Oliver y a Isidora, que asentían con fuerza.
—Sí, mamá. La tía abuela y el tío abuelo ya están grandes. Si un día pasa algo, ni chance le dan a Sofía de sentarse en la mesa, porque Julia se va a adelantar. Y mira, yo supe que fue esa Julia la que se metió en tu relación con papá y por eso terminaron viviendo en un pueblito, y ahora que el negocio de papá por fin va saliendo en Olivetto, llega Sofía, la ingrata, y nos lo quita todo. Si nos vuelve a ir mal, a ver cómo le hacemos para salir adelante.


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