En una sociedad donde la ley debería imponerse, ¿por qué Olivia se atrevía a llegar tan lejos contra ella? Porque el respaldo de su poderosa familia le daba la confianza suficiente para actuar sin miedo.
Entonces, si eso era así, ¿por qué no podía Sofía encontrar su propia fuerza interior?
—¿Todavía están procesando esa información? ¿Tienes mucha prisa? ¿No deberías seguir descansando? —preguntó Maite, con el ceño marcado de preocupación.
Sofía negó con la cabeza.
—En realidad, la mayoría de las heridas solo me asustaron un poco. Es que ustedes insisten en que me quede en el hospital para chequeos, pero yo siento que mi cuerpo ya está bien, no tengo mayor problema.
Maite la escuchó en silencio y asintió, pensativa, antes de advertirle con seriedad:
—En la tarde te llevo todos los informes que ya tengo listos a la habitación. Pero prométeme que te vas a cuidar y no te vas a exigir de más.
Sofía aceptó con una sonrisa y le agradeció de corazón.
—¿Todavía necesitas ser tan formal conmigo? —reviró Maite, fingiendo molestia, y le lanzó una mirada divertida antes de salir para preparar los papeles.
Cuando Maite se fue, Esther se quedó mirando fijamente a Sofía.
—Ya tienes un plan —afirmó.
No era una pregunta, sino una certeza. Aunque no conocía a Sofía desde hacía tanto como Maite, tenía muy claro el carácter de la mujer que tenía enfrente.
Sofía se quedó un momento mirando su celular, dudando con los dedos sobre la pantalla. No pensó en ocultarlo.
—Tal vez sí —respondió, dejando su respuesta entre líneas.


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