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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 629

Aunque entre él y Sofía el matrimonio ya se había desgastado, la existencia de Bea era innegable. No podía borrar el hecho de ser el padre de Bea, eso estaba tatuado en su vida.

—Sí, todavía tenemos a Bea…

Santiago murmuró esas palabras, y la nube de abatimiento que lo envolvía comenzó a disiparse poco a poco.

—Pero, presidente Cárdenas, aunque ahora tenemos un poco de esperanza, también hay que pensar bien cómo vamos a recuperar el corazón de la señora —intervino Jaime, intentando que su jefe aterrizara los pies en la tierra y no se dejara llevar por el entusiasmo.

Santiago arrugó la frente, y al darse cuenta de que no tenía la menor idea de por dónde empezar, terminó sentándose otra vez, resignado.

—Dime.

Jaime se acarició la barbilla, buscando las palabras adecuadas.

—La señora seguramente le guarda rencor por haberle hecho caso a Isidora y mandarla a la cárcel. Pero ya ni cómo hacerle, eso ya pasó y no hay vuelta atrás. Ahora, además, ella le pone un muro cada vez que la busca.

Apenas soltó la frase, la mirada de Santiago volvió a perder luz.

Tenía razón… Sofía lo rechazaba con todas sus fuerzas.

—¡Pero! —Jaime cambió el tono de golpe, sacando a Santiago de su ensimismamiento—. ¿Por qué no intentamos conquistarla de nuevo? ¿No fue la señora quien tomó la iniciativa primero? Además, ahora tienes el papel de papá de Bea, vas por delante de todos esos pretendientes que siempre la rodean.

Le lanzó una mirada cargada de esperanza, aunque por dentro sentía un nudo en el estómago.

Si él estuviera en el lugar de Sofía, dudaba que pudiera perdonar tan fácil al presidente Cárdenas…

Pero al fin y al cabo, era empleado del Grupo Cárdenas, así que tenía que animarlo sí o sí.

Por increíble que pareciera, Santiago se quedó pensando en serio. Apoyó los brazos sobre la mesa y empezó a frotarse el mentón, sumido en sus pensamientos.

En aquel entonces, solo sabía que Sofía sentía algo por él. Esa cara delicada se le aparecía a menudo en la memoria. Él siempre había sido distante, así que no le dio importancia. Pero, para su sorpresa, justo al graduarse, la abuela lo forzó a casarse.

Y la novia era Sofía.

Esa sensación de repulsión por haber sido obligado lo invadió por completo. A la mujer que antes apenas notaba, o incluso llegaba a buscar con la mirada sin pensarlo, empezó a rechazarla con fuerza.

—Ay, ya lo pensé bien. La verdad, en ese entonces no tomé en cuenta lo que tú querías. Si tienes tu propia opinión, pues ni modo, mejor que Sofía ya no siga aguantando tus desplantes.

La abuela sonaba más comprensiva que nunca, pero Santiago se apresuró a interrumpirla.

—¡Abuelita! No te llamé para eso. Tampoco quiero dejar las cosas así con ella.

—¿Todavía quieres vengarte de la muchacha?

La abuela soltó un grito de susto.

Santiago solo pudo quedarse callado, llevándose la mano a la frente, agotado.

En gran parte, su rechazo hacia Sofía tenía que ver con la abuela.

Era que ella siempre hacía todo a su manera, sin preguntar.

Sin embargo, ahora que lo veía en retrospectiva, que Sofía se hubiera casado con él había sido, probablemente, la decisión más acertada que la abuela había tomado en todos esos años.

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