Alfonso le echó una mirada de lado a Oliver y le soltó con indiferencia:
—Te estoy diciendo la verdad, ¿o no te diste cuenta ya?
La sonrisa de Oliver se esfumó de golpe. De hecho, cada minuto que pasaba allí se sentía como si estuviera sentado sobre agujas.
De pronto se puso de pie, echó un vistazo rápido y nervioso a la pantalla de su celular, que ni siquiera había encendido, y luego, forzando una sonrisa incómoda, murmuró:
—Tengo otros pendientes, así que mejor me retiro. No quiero interrumpirles el desayuno.
Sofía no le contestó, solo agitó la mano en silencio, dándole a entender que podía irse cuando quisiera.
Alfonso, con los brazos cruzados, le dijo:
—¿Quieres que te lleve? Digo, no será por mi culpa que te vas, ¿verdad?
Se tapó la boca con teatralidad, fingiendo sorpresa e inocencia, abriendo bien los ojos como si acabara de escuchar el mayor disparate.
Ver esa actuación solo hizo que Oliver se irritara más, aunque sabía que no podía hacerle nada. Así que, con la sonrisa ya rígida, apenas pudo responder:
—Por supuesto que no, señor Castillo. No se haga ideas.
—Bueno, entonces sal tú solo —le soltó Alfonso, clavando la mirada en la mesa.
Sobre la mesa había varios platillos típicos para desayunar. Había variedad y nada escaseaba. Alfonso revisó el tazón frente a él, hizo una mueca y dijo:
—No me gustan los tazones blancos, tráeme uno azul.
Alfonso le habló a Teresa, la empleada.
Teresa, buscando la aprobación de Sofía, la miró esperando una indicación.
Sofía, resignada, se sobó la frente y terminó pidiéndole a Teresa que le hiciera caso.
En menos de un minuto, Alfonso ya tenía entre los brazos un tazón azul reluciente. Muy satisfecho, arrastró la silla hasta quedar junto a Sofía.
—Prueba esto —le ofreció, y sin esperar respuesta, le sirvió comida en su tazón, moviéndose con toda confianza.
Sofía apenas pudo evitar rodar los ojos.
La situación con Lázaro y los demás era complicada. Oliver ya sospechaba algo, así que no era buena idea que ellos se quedaran en Villas del Monte Verde. Sofía quería platicar con Lázaro para ver si podían irse a otro lado por un tiempo.
Pero lo que no esperaba era que Alfonso fuera tan… entrometido.
Aun así, Sofía le siguió el juego y probó un bocado.
Alfonso intentó seguir sirviéndole, pero ella lo paró de inmediato con una mirada:
No tenía sentido. Sofía no ganaba nada mintiéndole.
Pero entonces, ¿qué pasaba con Marcos? ¿Y la familia de Lázaro? Si no estaban con Sofía, ¿dónde más podían estar?
...
Apenas salió de Villas del Monte Verde, Oliver sacó su celular y marcó a alguien, las cejas tan fruncidas que casi se le unían.
—¿Marcos ya volvió al Instituto de Investigación Galileo?
[No.]
Esta vez, la voz al otro lado de la línea sonaba menos disfrazada. Aunque algo ronca, ya se notaba claramente que era una mujer.
Mientras hablaba, sus ojos, llenos de rencor, miraban el despacho vacío de Marcos.
A esa hora, él siempre estaba trabajando.
Olivia apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos palidecieron.
¿Dónde se habría metido Marcos?

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