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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 733

Gisela miró a Nelson y le dijo:

—Sal, por favor.

Nelson bajó la vista hacia ella.

—¿Te sientes mal en algún lado?

Gisela giró la cabeza, evitando su mirada. Repitió:

—Te pido que salgas.

Nelson se quedó quieto un momento, observándola sin decir nada.

Por dentro, Gisela se sentía extraña. ¿Qué estaba pasando aquí?

No volvió a hablarle ni lo miró. Nelson, finalmente, se dio la vuelta y salió de la habitación.

Cuando vio que la puerta del cuarto se cerraba, Delia se apresuró a sentarse junto a Gisela, lanzándole una mirada cautelosa mientras trataba de descifrar su expresión. Probó preguntando con cuidado:

—Lo que pasó entre tú y Nelson… ¿qué estaban haciendo?

Gisela soltó un suspiro de resignación.

—Todo fue un malentendido. Él solo vino a ayudarme y justo en ese momento ustedes entraron y lo vieron. No fue nada.

Delia hizo un gesto, chasqueando la lengua.

Por más que la estuviera ayudando, ¿era necesario abrazarla tan fuerte?

Aunque pensó eso, prefirió no decirlo en voz alta.

Delia notó que el vaso en la mesa de noche estaba vacío, así que preguntó preocupada:

—¿Tienes sed? ¿Te traigo un poco de agua?

Gisela negó con la cabeza. Al recordar el rostro de Xavier, preguntó:

—¿Dónde está Xavier?

Delia, de todos modos, llenó el vaso con agua. Al escuchar la pregunta de Gisela, bajó la voz:

—¿Tú y Xavier pelearon?

Gisela parpadeó, sorprendida por la pregunta, y respondió en voz muy baja:

—¿Cómo lo supiste? ¿Él te dijo algo?

Delia miró con precaución hacia la puerta del cuarto antes de contestar, también en voz baja:

Hay cosas que la policía nunca logra descubrir por su cuenta.

—La verdad, sí es algo peligroso —admitió Delia—, pero no te preocupes, yo siempre estoy de tu lado. Si tú quieres seguir investigando, lo haré contigo. Solo que…

—¿Qué pasa? —preguntó Gisela.

Delia se acercó un poco más y bajó la voz aún más:

—Es normal que tú y Xavier no estén de acuerdo, pero no tienes que pelearte así con él. Todo el hospital se enteró de que el guapo que siempre te cuida hoy andaba con una cara terrible. Las señoritas que siempre buscan hablarle ni se le quisieron acercar.

Gisela se estremeció al oír ciertas palabras.

—¿Tan enojado está?

Delia se quedó pensando y luego respondió:

—Nunca lo había visto así. Tenía una expresión como si cualquiera que le hablara fuera a recibir un puñetazo.

Gisela se quedó callada, dándole vueltas en la cabeza a lo que le acababan de decir.

Delia, al ver el cambio en la expresión de Gisela, agregó rápido:

—Aunque estuviste inconsciente, sí hubo varias chicas que se le acercaron a Xavier, pero él ni las volteó a ver. No tienes por qué preocuparte.

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