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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 719

El cuerpo de Gisela y Saúl se sacudió con fuerza, como si una ola invisible los hubiera lanzado de golpe contra los asientos.

Gisela apretó los dientes, y no soltó el acelerador. Al contrario, pisó con más fuerza, decidida a alejarse de ese camión que la seguía.

De repente, la pesada mole apareció justo detrás de ellos, emparejándose a su lado izquierdo. Ahora el camión iba casi rozando el carro de Gisela.

Por dentro, Gisela sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Sin perder la cabeza, soltó poco a poco el acelerador, buscando alejarse y dejar que el camión siguiera su camino. Solo quería salirse de su trayectoria, escapar de esa tensión.

Pero entonces…

—¡Pum!—

El estruendo fue tan fuerte que pareció reventar los tímpanos. El vidrio del lado izquierdo y el parabrisas se quebraron con varias grietas, una telaraña de fragmentos que amenazaba con ceder. El cuerpo de Gisela fue lanzado hacia la derecha, sin poder hacer nada para evitarlo, como si hubiera quedado a merced de una fuerza imparable.

Su mente se nubló. Lo único que alcanzó a ver fue una bruma roja que se extendía frente a sus ojos, como si alguien hubiera arrojado pintura sobre el mundo. Todo era confuso, y el zumbido en sus oídos parecía envolverlo todo.

El carro giró, se volcó, rodó sobre el asfalto. Saúl y Gisela, atrapados dentro, apenas y sintieron los golpes. El airbag se infló, amortiguando parte del impacto, pero el dolor y el vértigo los superaron. Todo se volvió negro.

En el último instante, antes de perder la conciencia, Gisela alcanzó a distinguir, con la mirada nublada, la figura del chofer del camión deteniéndose y bajando del vehículo…

...

[Según reportes de los medios, en la Avenida Estelar del Barrio Alborada ocurrió un grave accidente de tránsito. Un camión de quince toneladas embistió a un carro particular, haciéndolo volcar dos veces. Los dos ocupantes del carro resultaron gravemente heridos y fueron trasladados de urgencia al hospital. Al cierre de esta edición, su estado sigue siendo incierto…]

...

En el departamento de Xavier, Delia estaba sentada con toda la confianza del mundo en el sillón más cómodo, con una pierna cruzada de manera nada elegante, viendo un programa de concursos en la televisión.

—Oye, Xavier, ¿tienes corazón o qué? —

Había escuchado la llamada entre Xavier y Gisela. Al principio, no le dio mucha importancia, pero tras dos o tres horas, cuando el hambre empezó a apretar y el estómago le gruñía, no pudo evitar soltar la queja.

Xavier, tranquilo, estaba en el sillón individual, entretenido con un juego de su celular.

—¿Y ahora qué hice? —

—Tengo hambre, no me preparas nada de comer, y a Gisela, que ni ha regresado, ya le tienes lista la cena. ¿Que yo no soy tu amiga o qué? —

No le prestó mucha atención al video; apenas notó que era un accidente entre un camión y un carro, y no le dio importancia.

Tomó el control, dispuesta a cambiar de canal, pero Xavier la detuvo.

—Espera.

Delia lo miró, desconcertada.

—¿Qué pasa?

Xavier dejó el celular a un lado, se levantó y se acercó a la pantalla. Su expresión se volvió tensa, los ojos muy abiertos.

—Me parece que ese carro se parece mucho al de Gisela.

Delia se quedó un instante en silencio, y luego soltó una sonrisa forzada.

—¿Y eso qué? Hay un montón de carros iguales al de Gisela. No es como si el suyo fuera único, ¿no?

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