El llanto seguía, apagado pero persistente; Nelson alcanzó a distinguir que la voz llamaba “mamá”.
Romina pensaba a toda velocidad, el corazón retumbándole en el pecho. Sin pensarlo, soltó:
—Es la niña del cuarto de al lado. Desde que la conocí, le caí muy bien. Sus papás la trajeron a mi cuarto y ahora está haciendo un berrinche.
Avanzó unos pasos y se asomó al comedor.
Al parecer, Katia se había tropezado y cayó sobre la alfombra. Ahora Pedro estaba agachado frente a ella, tratando de consolarla.
Katia se tallaba los ojos con las dos manos, la mirada hinchada y enrojecida, fija en la dirección de Romina.
Se veía tan desamparada.
Pero Romina no sentía lástima, solo quería que Katia dejara de llorar.
—Creo que se cayó sin querer y por eso está llorando —murmuró Romina.
Nelson, en realidad, no le dio mucha importancia. Tras escuchar la explicación de Romina, respondió:
—Ya entendí.
A Thiago no le gustaba que su mamá pusiera atención en otros niños, así que de inmediato intervino:
—Mamá, hoy yo también casi me caigo.
La tensión de Romina seguía al máximo, así que se aferró al cambio de tema y su tono se volvió más preocupado:
—¿En serio? ¿Qué pasó?
Nelson se metió en la conversación:
—Nada grave, se puso a correr y chocó con alguien.
Romina soltó una risita:
—¿Y le pediste perdón, Thiago?
Thiago frunció los labios, molesto:
—Papá me obligó.
Romina asintió:
—¿Y te pegaste en algún lado?
Thiago fue obediente:
—No, mamá, no te preocupes.
Ella lo miraba, nerviosa y acorralada.
—Pedro, la niña está aquí. ¿Qué estás pensando hacer?
Pedro sostenía la esquina de la colcha.
—No voy a hacerte nada.
Romina apretó los dientes.
—Igual no se puede. Me lo prometiste.
De repente, Pedro dejó escapar una risa amarga:
—Tú también prometiste que estarías conmigo para toda la vida, ¿y ahora?
Romina palideció.
Pedro la miró fijamente, con una dureza que la hizo encogerse.
—Ahora estás casada con Nelson, hasta tienes un hijo con él.
—Tú no cumples tus promesas, ¿por qué tendría que hacerlo yo? —Pedro bajó el tono, pero sus palabras pesaban como piedras—. Romina, deberías saber que ya te he aguantado bastante.

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