El propósito original de Valeria al hacer esa llamada era demostrar su poder y provocar a Amaya hasta sacarla de sus casillas.
Ella siempre había sido rencorosa; todavía no podía superar el hecho de que, la última vez en el hospital, Romeo la hubiera humillado de tal forma que su padre la había castigado prohibiéndole salir durante una semana.
Quería ofender y humillar a Amaya a más no poder, pero nunca imaginó que, lejos de alterarse, Amaya mantendría la calma, se reiría con soltura e incluso amenazaría con llamar a su padre para contárselo.
Por un instante, Valeria sintió pánico, pero fingió serenidad.
—El número privado de mi papá no se da a conocer, y además... no tienes pruebas, ¿crees que mi papá va a creer tus inventos de la nada?
La voz de Amaya sonó perezosa, con un tono lleno de desdén.
—Es cierto que no tengo el teléfono de tu papá, pero de seguro Romeo sí lo tiene.
—Además, ¿quién dijo que no tengo pruebas?
—No olvides que Villa Jardín del Edén es la casa donde Diego y yo nos casamos, y donde viví durante seis años enteros.
—Eres bastante atrevida. Si querías buscar aventuras, ¿no era mejor ir a un hotel? ¿Por qué tenías que meterte en la casa de alguien más, en la cama de la recámara principal?
—Querías adrenalina, ¿verdad? Señorita Zaldívar, creo que el video que tengo en mis manos te hará sentir aún más adrenalina.
—Espera un momento, le pediré a Romeo el número de tu papá, le enviaré el video y le pediré su opinión.
Amaya soltó cada palabra con una calma pasmosa.
Al otro lado de la línea, Valeria se quedó petrificada. La sonrisa de superioridad que tenía hace un segundo se congeló en su rostro.
Tardó unos siete u ocho segundos en reaccionar y asimilar el peso de las palabras de Amaya.
El tono de su voz cambió drásticamente.
—Amaya, tú... ¿pusiste cámaras ocultas en tu propia casa?
—¡Estás loca! ¿Cómo se te ocurre poner cámaras en tu casa? Tú... no te creo, ¡al menos que de verdad lo tengas! ¡De lo contrario, no intentes asustarme!
El rostro de Valeria palideció, y su cuerpo entero comenzó a temblar como una hoja.

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