No podía seguir permitiendo que Diego Muñoz manejara la situación a su antojo.
La única manera de empezar una nueva vida era cortar de raíz con el infierno de ese divorcio.
La actitud actual de Diego dejaba muy en claro que no pensaba soltarla, e incluso estaba dispuesto a usar métodos sucios y sin límites para mantenerla a su lado.
Amaya hervía de rabia solo de pensarlo.
¿Conque quería alargar el divorcio, eh?
Pues bien, le haría pagar a Diego un precio mucho más alto y doloroso.
Amaya revisó de nuevo las cámaras de la sala y observó toda la secuencia de cuando Valeria Zaldívar había llegado a buscar a Diego.
Al escuchar a Valeria jurar que salvaría a Diego y lo ayudaría a salir de la crisis, una sonrisa se dibujó en los labios de Amaya.
Si Valeria estaba tan segura de poder ayudar a Diego, entonces ella jugaría su carta maestra para destruirles el plan desde adentro.
La mente de Amaya trabajaba a mil por hora, trazando su estrategia con claridad.
Prácticamente no había pegado un ojo en toda la noche. Justo cuando empezaba a amanecer e intentó cerrar los ojos un rato, su teléfono empezó a sonar.
Era un número desconocido.
Amaya contestó con pereza:
—Hola, ¿quién habla?
La chillona voz de una mujer sonó del otro lado:
—Soy Valeria Zaldívar. Anoche Diego y yo... nos acostamos.
El tono de Valeria estaba cargado de superioridad, como si acabara de ganar un trofeo y estuviera presumiendo.
Amaya planeaba ir a buscar a Valeria de todas formas, pero no esperaba que la mujer fuera tan desesperada como para llamarla a primera hora de la mañana.

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