—¡No lo selle todavía! ¡Alguien modificó el acuerdo, está mal!
Sofía golpeaba la ventanilla con frenesí para detener al empleado.
Lo que dijo tomó a Amaya y a Diego completamente por sorpresa.
Al escucharla, el empleado del registro les devolvió la carpeta con los documentos.
Sofía agarró de inmediato el acuerdo y, tras leer detenidamente la parte de la custodia, ¡se encendió de rabia!
Agarró las hojas y se las aventó a Diego en la cara:
—¡Qué poca madre tienes, Diego! Ya decía yo que estabas aceptando muy fácil el divorcio. ¡Así que esto era lo que planeabas!
Sofía volteó a ver a Amaya y gritó indignada:
—¡Ami, vas a tener que volver a firmar esto! ¡El muy cobarde hizo trampa!
»Jugó con las palabras en la parte de la custodia y lo cambió. Si este papel se aprueba, ¡la custodia completa será para él! ¡Prácticamente dice que no podrías ver a Reni sin su permiso!
»¡Menos mal que fui lista y le mandé las fotos a Marcos! Si no, ¡te juro que te quedabas sin tu niña!
Al escuchar eso, a Amaya se le nubló la vista.
Diego, que no entendía por qué le estaban gritando, ya había recogido el acuerdo y lo estaba leyendo.
Había estado tan aturdido que ni siquiera se había fijado en los detalles cuando firmó.
E incluso con lo que acababa de decir Sofía, él seguía sin encontrar qué era lo que estaba mal.
Pero era un hecho que Amaya había redactado ese documento y un abogado lo había revisado varias veces.
Gracias a la advertencia de Sofía, Amaya se fijó en la parte de la custodia y se dio cuenta de que, en efecto, alguien la había alterado en secreto.
Furiosa, Amaya levantó la mano y le soltó una fuerte bofetada a Diego:
—¡Diego! ¡No sabía que podías ser tan basura!
»¡Por poco y caigo en tu trampa! Antes eras un hombre decente, ¿cómo es posible que ahora... caigas tan bajo? ¿Acaso se te pegaron las mañas de la gente con la que te juntas?
Amaya estaba tan enojada que estuvo a punto de mentarle la madre ahí mismo.


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