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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 314

Su hijo era su debilidad, su mayor orgullo, el centro de su universo entero.

En los últimos días, él había sufrido fiebre, neumonía, y además había perdido el apetito por completo, lo que la tenía al borde de la desesperación.

Ella, que rara vez pisaba la cocina, se había pasado todos estos días experimentando con diferentes platillos y caldos, buscando a toda costa que Diego recuperara sus fuerzas.

Todo por culpa de Amaya, que había empujado a su preciado hijo a semejante sufrimiento.

En el fondo de su corazón, Josefa odiaba a Amaya con toda su alma; deseaba verla destruida. Era tal su coraje que, al cortar la carne en la cocina, blandía el cuchillo con tanta furia que los sirvientes de la casona Muñoz temían que ocurriera una tragedia.

—Hijo, ya llegué. Mira lo que te preparé, tu caldo de res con verduras favorito. Usé los mejores cortes, los pedí frescos y me los enviaron en un vuelo especial, tienes que probarlo.

—También te traje salmón fresco, cangrejo al ajillo y un buen corte de carne...

Desde niño, Diego había sido carnívoro, adoraba la carne y los mariscos.

Josefa había agotado todas sus ideas cocinando cada una de sus comidas favoritas.

Sin embargo, la comida no logró despertar ni un ápice de interés en él.

Al escuchar la entusiasta presentación de Josefa, Diego a duras penas le echó un vistazo. Sus ojos carecían de emoción, parecía un cascarón vacío:

—Mamá, déjalo ahí, tengo algo que preguntarte.

Josefa no se rindió. Sirvió un poco de arroz y se lo acercó:

—Hijo, come un poco primero mientras está caliente, al menos un par de bocados. Ya habrá tiempo de sobra para hablar. Vamos, abre la boca, mamá te da—

Diego no estaba acostumbrado a que su madre lo tratara como a un niño indefenso. Apartó la mano de Josefa, subiendo un poco el tono:

—Mamá, te dije que lo dejes ahí, comeré al rato.

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