Tras terminar el suero y pasar por una serie de análisis de sangre para confirmar que la sustancia había sido metabolizada por completo, Amaya y Sofía finalmente firmaron el alta del hospital.
Los padres de Sofía, consternados por lo que su hija había pasado, insistieron en recogerla personalmente para que descansara en casa.
Amaya planeaba pedir un taxi, pero de repente, Romeo apareció en su auto. Sin decir mucho, le hizo un gesto para que subiera y la llevó a su casa.
Solo después de ver a Amaya entrar a salvo por la puerta, Romeo dio la vuelta y se marchó.
Amaya se quedó parada un momento, viendo las luces traseras del auto mezclarse con el tráfico, mientras una calidez sutil se instalaba en su pecho.
La presencia de Romeo siempre era así: de pocas palabras, pero de acciones firmes.
El cuidado que le brindaba tenía el balance perfecto; nunca era asfixiante ni cruzaba los límites, evitando malentendidos innecesarios.
Amaya se sentía muy afortunada de tener un socio y amigo como él.
Al entrar, fue directo al baño y se dio una larga ducha de agua caliente para quitarse el cansancio y el olor a desinfectante del hospital.
Con el cabello secado y ropa cómoda puesta, estaba a punto de ir a ver a su pequeña Renata, cuando sonó su teléfono.
Lo tomó y, al ver el identificador en la pantalla, se dio cuenta de que era su mentora más admirada: Luciana Guzmán.
Al contestar, la risa franca de Luciana resonó por el auricular:
—Amaya, ¿cómo sigues de salud? Tengo un proyecto de restauración de un edificio antiguo bastante complicado y necesito organizar una reunión de expertos urgente para escuchar opiniones... ¿Podrías darte una vuelta mañana?
La restauración de arquitectura histórica era una disciplina secundaria que Amaya había estudiado en la universidad, impulsada por los consejos de Luciana.
Luciana Guzmán no solo era la abuela de Romeo, sino que también había sido su profesora de arte en la secundaria.
Pero tenía otro título por el que era aún más respetada: la Presidenta de la Asociación de Investigación de Arquitectura Histórica de Solsepia.
Fue bajo su tutela que Amaya desarrolló una profunda fascinación por la restauración arquitectónica, estudiando apasionadamente las estructuras, formas y normativas de construcción de épocas antiguas.
Durante sus años de secundaria y universidad, había llenado más de cien libretas con notas y bocetos.

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