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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 308

Vera arrastraba las palabras, mirándolo con coquetería, segura de que ningún hombre podría resistirse a una oferta así.

Al ver que Saúl seguía inmóvil, con la mandíbula tensa, decidió ir un paso más allá. Se lanzó contra su pecho, con la intención de despojarse de lo poco que llevaba puesto...

Pero Saúl le agarró la muñeca, y una voz helada resonó sobre ella:

—¿Ya terminaste tu numerito?

Vera lo miró, haciendo un puchero:

—¿Qué pasa... no te gusta?

Saúl la empujó hacia atrás con repulsión, sacudiéndose la ropa como si hubiera tocado basura radiactiva.

—No.

Vera se quedó paralizada:

—...

—Tu cara se ve avejentada, tu piel es flácida... no tienes un solo atributo que valga la pena —soltó Saúl sin piedad.

Vera abrió la boca, mortificada:

—¡¡¡Qué!!!

Saúl continuó, implacable:

—Tener el descaro de exhibirte así frente a mí es un insulto. Solo consigues ensuciarme la vista.

La humillación la hizo enrojecer de furia, tartamudeaba:

—¡Tú... maldito...!

Saúl levantó el celular frente a su cara:

—La contraseña.

—Se me agotó la paciencia. ¡Rápido!

Vera se mordió el labio inferior con tanta fuerza que casi sangró. El coraje le quemaba la sangre, pero la mirada de Saúl era tan aterradora que, temblando, dictó los números.

Saúl desbloqueó el teléfono, encontró el video y lo borró definitivamente.

Luego, frente a ella, arrojó el celular contra el suelo y lo pisoteó hasta destruirlo por completo, destrozando la memoria interna para asegurarse de que no quedara ni un rastro.

Vera sintió que le arrancaban el corazón al ver su costoso teléfono convertido en polvo, pero el miedo que le inspiraba ese hombre era mayor.

Tímidamente, preguntó:

—Ya rompiste el teléfono y borraste el video. ¿Ya puedo irme?

Saúl la miró de hito en hito:

—Aún no.

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