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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 286

—Mira, ¿qué te parece esto? Si eso sirve para que te calmes y le pidas a Aureum Capital que deje en paz al Grupo Muñoz, puedes desquitarte con mi esposa y mis tres hijas como mejor te parezca.

—Te doy mi palabra de que jamás volverá a ocurrir algo así en esta casa. ¿Podrías, por favor, hacerme caso a mí, tu suegro que te lo pide personalmente, y darle una última oportunidad a Diego?

—Somos familia, no hay problema que no podamos solucionar juntos, ¿no crees?

Amaya no podía creer lo que estaba escuchando.

Que esas palabras salieran de la boca de ese hombre tan arrogante y altanero era algo que nunca pensó presenciar.

Sin embargo, lo entendió en un segundo: más sabe el diablo por viejo que por diablo. Rubén tenía una mente mucho más ágil que Diego y sabía perfectamente cuándo convenía agachar la cabeza.

En los últimos días, Amaya había estado haciendo un completo desmadre, al punto de poner de cabeza no solo a la familia Muñoz, sino a gran parte de Solsepia.

Si no tuviera a alguien poderoso respaldándola, jamás habría actuado con tanta arrogancia y sin dejar margen de error.

Diego estaba demasiado metido en su propio enredo como para ver el panorama completo. Pero Rubén, con tantos años navegando en el mundo de los negocios, seguramente había olfateado el peligro y por eso dio un giro de ciento ochenta grados en su actitud.

Por supuesto, Amaya no iba a tragarse ese cuento.

—Señor Muñoz, de verdad me sorprende su capacidad para humillarse cuando le conviene.

Una sonrisa sarcástica se dibujó en los labios de Amaya. Su mirada afilada recorrió el rostro arrugado de Rubén, que aún mantenía esa sonrisa hipócrita.

—¿Qué fue lo que me dijo el día que Diego y yo nos casamos por el civil? Me dijo que una mujer de mi clase no merecía cruzar la puerta de la familia Muñoz, y que incluso si lo lograba, mi vida aquí sería un infierno. Me sugirió que lo pensara bien, que todavía estaba a tiempo de divorciarme.

—Y ahora que estoy decidida a divorciarme de él... ¿me pide que le dé otra oportunidad a su hijo?

La sonrisa de Rubén se congeló por un instante, pero como el viejo zorro que era, rápido cambió a una expresión de profundo arrepentimiento.

—Ami, todo lo del pasado fue un malentendido. Fue culpa de la ignorancia de su madre y sus hermanas, y yo me dejé cegar por ellas. Tú que eres de buen corazón, no te rebajes al nivel de esas mujeres tan necias.

—Si decides frenar este ataque, el lugar como la señora del Grupo Muñoz siempre será tuyo. Diego se portó muy mal contigo durante tu embarazo, lo admito. Hagamos algo: lo obligaré a pedirte perdón de rodillas, y a partir de ahora se dedicará en cuerpo y alma a ti y a Reni, ¿qué te parece?

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