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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 285

Amaya le lanzó una mirada fulminante a Diego antes de apartar la vista.

Levantó la barbilla, reprimiendo con todas sus fuerzas las lágrimas que amenazaban con salir.

Sosteniendo a Renata contra su pecho, notó que la carita de la bebé se veía más delgada. Sentía que se le partía el alma.

En tan solo un par de días en manos de esa familia, parecía que su pequeña Renata había vivido un verdadero infierno.

Al ver a Amaya, la bebé la miró con cierta confusión por un segundo antes de hacer un puchero lleno de sentimiento y soltarse a llorar de nuevo.

Amaya la acunó en sus brazos, meciéndola con suavidad mientras le susurraba palabras de consuelo.

Quizás al sentir por fin el calor de su madre, Renata dejó de llorar poco a poco hasta quedarse profundamente dormida, acurrucada y segura en el pecho de Amaya.

Amaya le pasó la niña con cuidado a Saúl, que estaba a su lado.

Se acercó a Diego y le acomodó una bofetada con todas sus fuerzas. Él ni siquiera intentó esquivarla.

Tratando de mantener la poca cordura que le quedaba, le exigió una respuesta.

—¿Por qué mi hija tiene una marca de aguja en la mano?

Diego se llevó la mano a la mejilla, con el rostro tenso.

—La niña tuvo fiebre. Cuando le bajó, empezó con una tos muy fuerte. El médico nos recomendó ponerle suero para que se recuperara más rápido.

Al escuchar eso, Amaya sintió que la sangre le hervía. Sin poder contenerse, le dio un puñetazo en el pecho.

—¿Esta es la manera en la que según tú toda tu familia la adora y la cuida tanto?

—Diego, solo la tuviste un día y dejaste que se enfermara de fiebre. Además, ¡tiene apenas tres meses! ¿Cómo carajos autorizas que el médico le ponga suero intravenoso? Eres un... eres un...

La rabia le cerró la garganta y no pudo terminar la frase.

Diego se frotó las sienes, tratando de justificarse.

—Admito que no cuidé bien de ella, pero esta vez toda la familia de verdad se preocupó. Sobre todo mi mamá... Antes decía que no la quería, pero en cuanto la vio, cambió por completo. Estos dos días estuvo cuidándola personalmente, ella... tal vez fue dura contigo en el pasado, pero te juro que no es una mala persona.

Saber que Josefa había estado a cargo de Renata solo enfureció más a Amaya. Le soltó otro golpe en el pecho a Diego.

—¡Qué cinismo el tuyo para dejar a la niña en manos de tu madre! ¿Acaso no sabes el asco que me tiene?

—¡Y todavía tienes el descaro de defenderla y justificarte!

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