Entrar Via

Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 287

Sin importar si Diego quería hacerlo o no, terminó humillado en el suelo, frente a Amaya.

Sin embargo, al ver la escena, ella no sintió la más mínima emoción. Al contrario, en su mirada solo había una frialdad absoluta.

Rubén, forzando una sonrisa que cada vez se veía más plástica, intentó suavizar las cosas.

—Ya ves, Diego se ha disculpado contigo. ¿Qué te parece si hacemos borrón y cuenta nueva con todo lo del pasado?

Pero Amaya ya había notado la astucia calculadora en los ojos del viejo. Soltó una carcajada seca.

—Señor Muñoz, ¿de verdad cree que a todas las mujeres del mundo basta con darles un título y un par de palabras dulces para que perdonen todo y se hagan de la vista gorda?

—Pues déjeme decirle algo: a mí no me van a convencer con eso.

—Ya le di demasiadas oportunidades a Diego, y él decidió echarlas a la basura. A partir de hoy, ya no hay más oportunidades para nadie.

—Si quieren, pueden inyectarle capital a la bolsa para intentar salvar sus acciones. Si logran rescatarlo, será mérito de ustedes. Pero si no... vayan pensando cómo van a arreglar este desastre.

—Señor Muñoz, me da mucha pena pensar que todo el imperio que usted construyó con sus propias manos termine arruinado por culpa de la estupidez de su hijo.

—¡Tú—!

Diego levantó la cabeza de golpe. Tenía los ojos rojos de rabia y las venas de la frente a punto de reventar.

—¡Amaya! ¡Te estás pasando de la raya!

—¿Pasando de la raya?

Amaya sonrió con desprecio.

—Comparado con el hecho de que dejaron que mi hija terminara conectada a un suero, y comparado con cómo tu familia me ha humillado y pisoteado durante estos cinco años, lo que estoy haciendo es un acto de pura misericordia.

—Diego, ya tuviste tu oportunidad y la despreciaste. De ahora en adelante, que Dios los agarre confesados. Que el Grupo Muñoz sobreviva o no dependerá únicamente de la capacidad de ustedes dos.

Sin decir más y sin molestarse en seguir viendo las caras desencajadas de los dos hombres, Amaya dio media vuelta. Con Renata a salvo en los brazos de Saúl, salió de la propiedad de los Muñoz sin mirar atrás.

Rubén se quedó viendo cómo se alejaba. La sonrisa en su rostro se desvaneció por completo y su expresión se tornó oscura, casi amenazante.

Volteó hacia Diego con una rabia contenida.

—¡Diego... eres un imbécil!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós a la Esposa Perfecta