Abrió los brazos, protegiendo a Amaya como un escudo:
—¡Leonor, si te quieres meter con alguien, hazlo conmigo! ¡Pero a mi Ami no la tocas!
—¡Los Muñoz son de lo peor! ¡Ya habían quedado en divorciarse y salen con sus jugarretas de alterar el acuerdo! ¡Ustedes fueron los que se robaron a la niña y ahora te haces la que no sabe nada!
—¡De verdad que toda su familia me da asco!
—¡Que existan familias de dinero como los Muñoz en Solsepia es una vergüenza para toda la ciudad! ¡Más te vale confesar dónde está la niña y admitir que alteraste el acuerdo! Si lo haces, chance y Ami se apiada de ti, pero si te haces la necia, ¡la que va a salir perdiendo vas a ser tú!
Durante la discusión entre Amaya y Leonor, Sofía había recibido un mensaje de texto de Saúl.
Como seguro no pudo contactar a Amaya, Saúl le escribió directo a ella para preguntarle si estaban juntas.
Sofía le contestó de inmediato que sí. Enseguida, Saúl le mandó otro mensaje pidiéndole que no se preocuparan, ya que todo el personal de seguridad que había contratado Grupo Muñoz provenía de una filial del hermano de Amaya.
Es decir, aunque Leonor trajera a todos los guardias, a la mera hora todos iban a acatar las órdenes de Amaya.
Al enterarse de esto, Sofía pensó «¡no manches!» y sintió que había llegado su momento de brillar. Por eso se había lanzado a retar a Leonor con tanta confianza.
Amaya todavía no entendía de dónde había sacado tanto valor Sofía.
Al ver que su amiga, que siempre había sido tan miedosa, ahora se ponía frente a ella con tanta valentía, estuvo a punto de soltar unas lágrimas de emoción.
En ese instante, un gran grupo de guardias en uniforme irrumpió en la oficina.
El jefe de seguridad se acercó a Leonor y la saludó con respeto:
—Señorita Muñoz.
Con eso, Leonor se llenó de seguridad. Señaló a Amaya y Sofía con expresión severa:

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