10 AÑOS… CAPÍTULO 33. Una escena peligrosamente doméstica
La noticia del embarazo de Katerina consiguió algo que Giulia habría considerado imposible apenas unas horas antes: aumentar todavía más el caos.
De repente, el intento de atropello dejó de ser únicamente un ataque contra ella. Había un bebé. Un bebé que nadie conocía hasta ese momento y que también había estado en peligro.
La habitación del hospital se llenó de preguntas, médicos entrando y saliendo, llamadas telefónicas y miembros de ambas familias intentando averiguar exactamente qué había ocurrido. Los padres de Giulia llegaron tan rápido que parecía que habían atravesado media ciudad volando, y Jordan pasó de la furia al miedo y del miedo a una actitud tan protectora que Katerina tuvo que ordenarle dos veces que dejara de preguntar a los médicos si realmente estaban seguros de que ambos estaban bien.
Giulia se quedó cerca de su hermana. Y Byron se quedó con Jordan. En algún momento sus miradas se encontraron al otro lado de la habitación, pero ninguno de los dos hizo otro movimiento que los delatara.
No se acercaron, no se tocaron y mucho menos dieron señales de que habían pasado la noche juntos. No era el momento de explicar nada cuando los Orlenko estaban pendientes de Katerina y las Blackwood eran las primeras sospechosas del intento de atropello.
Giulia vio a Byrin marcharse con Jordan poco después, y en su teléfono apareció un mensaje apresurado:
“Llevo al idiota a la comisaría a poner la denuncia. Te escribo cuando salga”
Y ella texteó de regreso:
“Me quedo con la terca. Avisa si necesitas ayuda”.
Pero a pesar del desastre que los envolvía, Giulia tenía esa sensación de que Byron era capaz de resolver cualquier cosa. Horas después, cuando finalmente Katerina recibió autorización para salir del hospital, la decisión obvia era la mansión Orlenko. Nadie iba a dejar que se fuera a su departamento sola después de lo ocurrido.
Byron, por su parte, pasó buena parte de la tarde acompañando a Jordan durante su declaración.
La policía ya tenía los primeros datos sobre el vehículo, cámaras que debían revisar y varios testimonios. Jordan repitió una y otra vez que no consideraba aquello un accidente y terminó denunciando formalmente el intento de atropello. Cuando finalmente salieron, parecía agotado.
—Ve a descansar —le dijo Byron—. Yo puedo ocuparme de cualquier cosa que pidan después.
—Gracias.
Byron lo dejó en su departamento y se sentó tras el volante antes de sacar el teléfono y llamar a Giulia.
—¿Cómo está Katerina? —preguntó con preocupación, y Giulia suspiró del otro lado.
“Estamos en casa de mis padres. Mi madre está planeando envolver la mansión en plástico de burbujas y yo estoy ayudándola”.
Byron sonrió por primera vez en horas.
—¿Y el bebé?
“Bien. Los médicos dicen que ambos están bien, pero tiene que descansar”.
—Jordan ya salió de la policía. Las cosas no van a ser fáciles para ninguno a partir de ahora, pero creo que lo único que podemos hacer es estar para ellos.
Hubo unos segundos de silencio, y la voz de Giuñia le llegó más suave esta vez.
“¿Tú estás bien?”
Byron apoyó la espalda contra el automóvil.
—No tengo idea. Tu hermana casi fue atropellada, mi primo está convencido de que Angela fue quien intentó matarla, resulta que están esperando un hijo y nuestras familias ya eran un desastre antes de todo esto.
“Cuando lo enumeras suena peor”.
—Porque es peor. —Byron se pasó una mano por el rostro—. Giulia, no sé cómo vamos a hacer esto.
“¿Hacer qué?”
—Nosotros en este caos. ¿De verdad crees que puedas separar a nuestras familias de nuestra vida en este momento?
Y la respuesta llegó inmediatamente, no la que esperaba, pero sí la que necesitaba.
“Pasa por mí”.
Byron no se lo hizo repetir dos veces, y media hora después Giulia ya estaba esperando fuera de la mansión cuando él llegó.
Llevaba jeans, un suéter sencillo y el cabello recogido sin demasiado cuidado. Byron estacionó junto a la entrada, pero en lugar de limitarse a abrirle la puerta desde dentro, salió de aquel auto como si hubiera pasado el día ahogándose sin ella.
Giulia caminó hacia él, y no llegaron a decirse una palabra. Byron le sujetó el rostro y la besó. Ella se aferró a su abrigo y le devolvió el beso con la misma desesperación. Después de horas mirándose desde extremos opuestos de una habitación, de hospitales, policías y familias, aquel contacto tuvo algo de necesidad.
Byron la abrazó por la cintura y la levantó apenas del suelo.
—Esto es ridículo —murmuró Giulia contra su boca.


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