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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 142

30 DÍAS... CAPÍTULO 18. ¿De verdad?

Allison estalló en carcajadas sin molestarse en disimular lo feliz que la hacía esa palabra.

—¡Sabía que nos íbamos a entender!

“¡Ya te adoro!” exclamó Alejandra.

—¡Y yo a ti!

Ángel miró alternativamente el teléfono y a Allison como si no lograra comprender cómo su secuestro había terminado convirtiéndose en una reunión familiar, pero ella solo recogió la bolsa de la clínica.

—Bueno, tengo que dejarte, cuñadita. Voy a clavarle una aguja a tu hermano y, dependiendo de cómo se porte, decidiré dónde ponérsela para que le duela menos… o más.

—¡Allison! —gruñó Ángel.

—¡Besitos y abrazos! ¡Ah, espera…! ¿Tienes la dirección exacta de esta cabaña?

“Claro” respondió Alejandra. “¿Qué necesitas?”

Allison empezó a contar con los dedos.

—Helado, un botiquín mejor equipado, condones y lubricante.

—¡¿Qué dem…?! —Ángel tosió con violencia, pero del otro lado Alejandra comenzó a reír.

“¿Ya lo viste desnudo, picarona?”

Allison, que hasta ese momento había demostrado una absoluta falta de vergüenza, sintió que las mejillas se le calentaban. Miró a Ángel y ¡grave error! porque él la estaba observando fijamente.

—Sí —admitió ella y la sonrisa que apareció en la cara de Ángel resultó insoportable—. ¡Cállate! —le dijo Allison.

—No he dicho nada.

—Pero lo estás pensando —gruñó antes de volver al teléfono—. Luego hablamos, cuñadita. ¡Besitos y abrazos!

“Cuídame a ese animal”.

—Lo intentaré.

Allison colgó y dejó el teléfono sobre el sofá… y la cocina quedó repentinamente en silencio.

—Tú deberías estar sedado —sentenció mirando a los ojos de Angel.

—La dosis estaba calculada para tu peso, no para el mío. —Y la mirada que él le devolvió era tan intensa que la hizo estremecerse—. El efecto se pasó rápido.

Y se quedaron allí, viéndose como si cada uno dudara de que el otro era real, o de que lo que estaban sintiendo era real, o que…

—Volviste.

La sencillez con que lo dijo terminó de borrar cualquier broma de la expresión de Allison.

—Sí.

Se miraron en silencio un segundo más, como si la necesidad pudiera tomar forma entre los dos.

Él tenía fiebre, estaba pálido, herido y apenas podía sostenerse en pie. Allison tenía el cabello revuelto, las manos temblorosas y el cuerpo adolorido por tantos baches.

Ángel dio un paso. Ella dio otro. Y ninguno dijo nada pero la distancia desapareció de golpe mientras sus cuerpos colisionaban. Ángel sujetó su rostro y la besó con una desesperación que la dejó sin aire. Allison se aferró a su camiseta y respondió con la misma intensidad, pegándose a él sin pensar en Oliver, en el secuestro, en las cajas de documentos ni en ninguna de las preguntas que todavía necesitaba responder.

Solo en que había regresado. Y él estaba allí.

La lengua de Angel se hundió entre sus labios como si fuera una maldita bandera de reclamación, y su boca devoró la suya, hambrienta, urgente, posesiva, en medio de respiraciones entrecortadas y gruñidos impacientes.

Pero de repente aquellas manos que la rodeaban perdieron fuerza y Allison lo sintió tambalearse.

—¿Conejito? —lo llamó mientras lo veía parpadear despacio, tratando de enfocar.

—Casi está amaneciendo.

—¿Cuánto tiempo dormí?

—Cuanto tiempo sobreviviste —suspiró ella—. Más de veinte horas desde que te desmayaste.

Ángel apretó los labios y Allison apoyó una mano sobre su frente antes de que intentara incorporarse.

—Ni se te ocurra, primero toca revisión médica. Quítate la ropa —ordenó ella, pero la sonrisa de Angel fue tan tierna que le arrancó un puchero.

Se veía mejor que la noche anterior, aunque todavía tenía el aspecto de alguien a quien hubieran arrastrado varios kilómetros detrás de un caballo.

La fiebre había cedido casi por completo y el color comenzaba a regresar lentamente a su rostro, pero seguía débil.

—Ven, vamos a trasladarte a la Unidad de Recuperación —murmuró ella y con eso se refería al sofá.

Él se dejó caer como si fuera peso muerto, y procuró no quejarse mientras ella volvía a revisar, limpiar y vendar la herida de su brazo.

—Mucho mejor. Los antibióticos están haciendo efecto. Ya no está tan inflamada y la piel alrededor perdió ese color horrible. —Allison volvió a cubrir la herida con una gasa limpia—. Todavía te ves apaleado, pero por lo menos ya no pareces un cadáver reciente.

—Siempre sabes cómo hacer sentir bien a un hombre.

—Tengo muchos talentos —respondió ella con un guiño, y Ángel sonrió, pero no apartó los ojos.

Allison terminó de sujetar la venda y estaba guardando las cosas en el botiquín cuando él sujetó su mano, impidiéndole levantarse.

—Hay algo que no tengo claro —murmuró con un tono que a ella la hizo estremecerse.

—¿Qué?

—¿De verdad te besé cuando regresaste o estaba delirando?

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