CAPÍTULO 110. Cuentas saldadas
Ya debían pasar de las doce de la noche, y Jordan llevaba más de una hora mirando el techo cuando escuchó abrirse la puerta que comunicaba las dos habitaciones. Giró la cabeza y encontró a Katerina entrando con un par de tazas entre las manos.
—¿Tampoco puedes dormir? —preguntó él.
—No mucho. Con todo lo que ha pasado, de repente la paz de esta casa es demasiado silenciosa.
Jordan se incorporó sobre las almohadas y le sonrió al reconocer aquel gesto que ella solía tener cada vez que los negocios no lo dejaban dormir.
—¿Me trajiste té?
—No te emociones.
Katerina le entregó su taza y él sonrió.
—Se supone que soy yo quien debe consentirte. Tú eres la embarazada.
—Pues debí pensarlo mejor… —suspiró Kat después de probarlo—. No creo que esto me caiga bien…
De repente hizo una mueca, y apenas terminó la frase, se llevó una mano a la boca y salió corriendo.
—¡Kat!
Jordan apartó las mantas y fue detrás de ella para encontrarla inclinada sobre el lavabo del baño, vomitando. Le sostuvo el cabello inmediatamente con una mano y con la otra la sujetó por la cintura.
—Tranquila… todo está bien… todo está bien...
Katerina respiró profundamente cuando las náuseas disminuyeron, pero aun así sus piernas temblaban un poco.
—Odio esto… Me encanta el embarazo… pero ya quiero que pase la etapa de las náuseas.
—¿No se supone que son matutinas?
—Recuérdaselo a tu hijo… —exclamó ella antes de volver a vomitar como si hubiera cenado con hambre en un bufet.
Jordan abrió el grifo, mojó una toalla pequeña con agua fría y se la pasó cuidadosamente por el rostro cuando el bebé volvió a darle un poco de tregua.
—¿Mejor?
—Un poco.
Ella se sujetó del lavabo mientras recuperaba el aliento y Jordan la sostuvo con suavidad.
—¿Segura?
—Sí —suspiró Kat y lo vio darse la vuelta en redondo.
—Quédate aquí.
—¿Adónde vas?
—A eliminar al enemigo —sonrió Jordan y Kat lo miró sin entender.
Jordan regresó rápidamente a la habitación, tomó las tazas de té y vació su contenido por el balcón, a los rosales de abajo a lo mejor les gustaba el té pero a la madre de su hijo no. Incluso dejó las tazas en la baranda para que ni el más mínimo olor entrara a la habitación de nuevo y luego cerró los cristales.
Cuando volvió, Katerina ya estaba saliendo del baño, pero se detuvo en la puerta, observándolo. Después miró hacia la habitación, luego otra vez a él, y Jordan frunció el ceño.
—¡Pero tuyo! —Jordan también empezó a reír mientras la rodeaba con un brazo y la llevaba hacia uno de los divanes junto a la ventana—. Tienes que reconocerlo, no muchas mujeres tienen la suerte de poseer un idiota personal. ¡Y tú ya tienes el tuyo!
La sentó en su regazo y durante unos minutos ninguno habló. Katerina terminó apoyando la cabeza contra su hombro y aquella idea que la había mantenido despierta y la había hecho ir por té, finalmente volvió a su memoria.
—Voy a ayudarte a encontrarla —dijo y Jordan supo inmediatamente a quién se refería.
Su sonrisa desapareció por un segundo, reemplazada por una tensión que jamás había sentido antes, porque era extraño extrañar algo que jamás se había tenido.
—No sé qué es peor, si encontrarla y descubrir que me quería... o descubrir que no.
Katerina levantó la cabeza para verlo, y notó esa tristeza rara mientras Jordan miraba hacia la oscuridad detrás de las ventanas.
—Si me quería, le robaron treinta años conmigo. Si no me quería...
No terminó, pero Kat tomó su mano.
—Cualquiera que sea la respuesta, aprenderás a vivir con ella —le susurró—. Eres terco, eres fuerte… y dentro de poco ni siquiera tendrás tiempo de dormir, así que creo que mucho menos tendrás tiempo para pensar.
Jordan bajó lentamente la mirada su vientre y lo acarició despacio. Ni siquiera había una pequeña curva todavía, pero él ya sentía el peso del mundo entero sobre sus hombros.
—Lo sé. Precisamente por eso, antes de que llegue, quiero dejar cada cuenta saldada. Luego todo mi mundo será para él.
—¡O ella!
—¡Joder, si es "ella" estoy frito!
—Si es "ella" las vas a pagar todas, eso es seguro.

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