CAPÍTULO 103. Un viejo resentimiento
La madrugada cayó sobre el hospital y poco a poco los pasillos fueron quedándose en silencio. Las luces se atenuaron y los visitantes desaparecieron. Incluso los agentes que custodiaban la habitación de Jasmine parecían luchar contra el cansancio acumulado durante una jornada interminable.
Dentro de la habitación solo se escuchaba el sonido regular de las máquinas. Jasmine abrió lentamente los ojos y le costó enfocar. Sentía la boca seca, el cuerpo pesado y un dolor sordo extendiéndose por todo el abdomen. Intentó moverse, pero no pudo. Solo entonces percibió una sombra junto a la cama y notó a una mujer inclinada sobre ella.
Jasmine tardó apenas unos segundos en reconocerla y una sonrisa débil apareció en sus labios.
—Angela… —Su hija se acercó más y los ojos de Jasmine se llenaron de lágrimas—. Sabía que vendrías. Sabía que no ibas a abandonarme —murmuró con dificultad—. Viniste a salvarme. ¿Verdad?
Angela la observó durante varios segundos, pero no sonrió ni tomó su mano. Nada en su expresión mostraba alivio y mucho menos preocupación; ni siquiera un poco de culpa.
—¿Qué pasa? —Jasmine frunció ligeramente el ceño y Angela miró hacia la puerta antes de negar despacio.
—Lo siento, mamá. No puedo hacerlo.
—¿Qué...? —La respiración de la mujer en aquella cama se hizo pesada y dolorosa—. No… Tú eres mi única familia, sé que somos compatibles, no puedes abandonarme...
—No puedo donarte parte de mi hígado —replicó Angela y la esperanza desapareció lentamente del rostro de Jasmine.
—Hija...
—Escúchame, mamá. Si entro oficialmente en este hospital, si me hacen las pruebas, si me operan, quedaré atrapada aquí durante días y ellos le informarán a las autoridades. La policía está buscándome por escapar de la libertad bajo fianza... No podría escapar. ¡Y de verdad necesito irme!
Jasmine la miró con incredulidad, como si estuviera viendo a una persona que no conocía negarle la posibilidad de sobrevivir.
—¡Pero soy tu madre! Puedes salvarme.
—Lo sé. —Angela apretó los labios—. Pero tú sabes lo que pasará conmigo si me atrapan. Y no quiero ir a la cárcel así que… lo siento, pero necesito reordenar mis prioridades.
Jasmine intentó incorporarse, pero el dolor la obligó a detenerse.
—¡Angela, me estoy muriendo!
Su hija cerró los ojos durante un instante.
—Pero no te mueres todavía. Estoy segura sde que aparecerá algún donante compatible. ¿No crees? Hay que tener fe en los milagros.
Jasmine sintió un frío mucho peor que cualquier dolor.
—¿Y si no aparece nadie?
Angela apretó los labios con una mueca molesta.
Jasmine palideció.
—Era lo mejor para tu futuro. Necesitaba asegurar nuestra posición antes de poder...
—¡Era lo mejor para el tuyo! —la interrumpió Angela con tono resentido—. ¡Tú querías a Emerson, su apellido, su dinero, sus casas y todo lo que significaba convertirte en la señora Blackwood, incluso si eso significaba criar al hijo de otra en vez de a la tuya! ¡Y mientras tú vivías rodeada de lujos, yo estaba tirada con una niñera esperando que mi madre encontrara una excusa para visitarme!
—¡Quería darte seguridad!
—¡Querías darte seguridad a ti misma! ¡Yo solo fui la excusa que utilizaste para justificarlo!
Jasmine comenzó a llorar, pero Angela ya no parecía conmovida.
—No puedes hacerme esto —murmuró Jasmine—. Pude cometer errores pero soy tu madre.
—Y yo soy exactamente la hija que tú criaste. —Angela recogió el bolso que había dejado junto a una silla y se lo colocó sobre el hombro—. Ahora me toca pensar en mí. Todavía me quedan unos pocos millones y, si consigo salir del país, puedo empezar otra vez. No voy a terminar en prisión para salvarte.
—¡Angela, vuelve aquí —exigió con la poca fuerza que le quedaba pero solo la vio girar la cabeza una vez.
—Adiós, mamá —siseó Angela y vio el momento en que la mano de su madre alcanzaba el botón de emergencia de su cama, y con un gesto de odio… lo presionó.
Un segundo después las alarmas de la habitación comenzaron a sonar, Angela supo que su única salida era correr.

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