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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 99

Un par de días después, a la hora del almuerzo, Lucía empujó la puerta de una exclusiva cafetería y su mirada se topó directamente con la estampa de Jimena, la insufrible de su madre y su prima Daniela, chismeando y soltando carcajadas en una mesa.

Al segundo siguiente, las tres mujeres clavaron sus ojos en Lucía; las risas se cortaron de tajo y las sonrisas en sus rostros se esfumaron, dejando paso a gestos de total desagrado.

Lucía las barrió con la mirada como si fuesen mosquitos aplastados y pasó frente a su mesa con paso firme y rostro gélido. Sin embargo, Jimena decidió hacerse notar, llamándola con un tonito meloso: —¡Lucía...!

Daniela la barrió de arriba abajo, y como no tenía la hipocresía educada de su prima mayor, le torció los ojos en blanco con desprecio absoluto.

Margarita, por su parte, se limitó a darle un elegante sorbo a su taza de café, fingiendo estar fascinada con la vista por la ventana...

Lucía ignoró la actuación barata; le dedicó una mirada gélida a Jimena, siguió su camino sin frenar y fue a ubicarse en una mesa arrinconada junto a la ventana.

—¡Qué mujer tan grosera e insolente! —chilló Daniela, arrugando la nariz hacia su prima—. No entiendo para qué sigues rogándole atención.

Margarita la secundó con asco: —Es cierto, Jimena. ¿No dijiste que ni siquiera el círculo de Alejandro tolera su presencia? ¡Pues entonces no te rebajes a hablarle! ¿Acaso te divierte que te haga esas caras de apestada?

Jimena se recargó en la silla con gracia, mostrando una sonrisa complaciente de infinita paciencia.

Al fondo de la cafetería, Lucía se acomodó en su silla junto al ventanal. Venía de la oficina y traía puesto un elegantísimo conjunto sastre de diseñador Dior.

Cuyo corte, por pura desgracia cósmica, era idéntico al estilo ejecutivo que Jimena se ponía para jugar a ser oficinista.

Tras pasarle un escáner completo, Daniela torció la boca con envidia y asco: —Es patética... Siempre quiere ponerse la misma ropa que traes tú, prima.

—Lucas me contó que antes se la pasaba vistiendo como una niñata de preparatoria; jamás se ponía un traje formal. ¡Y ahora resulta que te copia hasta tu estilo personal!

Margarita soltó una risita condescendiente sin importarle un bledo el comentario.

La ropa que llevaba Jimena había sido un obsequio directo de Alejandro, y tan solo el pañuelo de seda que completaba su atuendo superaba la decena de miles de pesos.

Podrían usar la misma marca, pero el conjunto de Jimena, de pies a cabeza, gritaba exclusividad y multiplicaba el valor de lo que llevaba Lucía.

—¡Copiona envidiosa! Si tú te pones Dior, ahí va ella de ridícula a vestirse igual —se quejó Daniela, aún furiosa.

Fue en ese momento que Jimena soltó la bomba con voz suave y arrastrada: —Por cierto, me enteré de que Lucía tiene en su poder un anillo, una reliquia que el abuelo de Alejandro le regaló hace tiempo y que se hereda única y exclusivamente a la esposa del primogénito Zavala.

Capítulo 99 1

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