Lucía se dirigió directamente al centro comercial. Recordaba que, en su vida pasada, la primera vez que Cristina visitó su casa, no solo llevó regalos costosos para Horacio y Elena, sino que también le dio un obsequio muy especial a ella.
Y ella, en su infinita ignorancia, no solo no había preparado nada para su cuñada.
Sino que había aventado el regalo que Cristina le dio en un rincón.
No le di la importancia que merecía a ese primer encuentro con mi cuñada.
Pero esta vez, las cosas serían diferentes.
Lucía recorrió varias tiendas exclusivas. Tras mucho pensarlo, decidió comprar exactamente el mismo regalo que Cristina le había dado en el pasado, como una muestra de que tenían una conexión especial.
Con el obsequio en la mano, Lucía salió de la boutique con una sonrisa de satisfacción.
Mientras caminaba por el corredor principal, su mirada captó a un hombre que destacaba entre la multitud por su porte impecable y su estatura imponente. Era Gustavo Beltrán.
Gustavo no la había visto; estaba detenido revisando su teléfono, proyectando una presencia madura y poderosa.
En su vida anterior, cuando su relación con Alejandro se había convertido en un infierno, Gustavo, de manera discreta, le había prestado cincuenta millones de pesos. Lucía jamás había olvidado ese acto de bondad silenciosa.
Dudó un instante, pero al final se acercó a él: —Hola, Gustavo.
El señor Beltrán levantó la vista, sorprendido por un segundo, y luego le dedicó una sonrisa cortés. —¿Lucía García? Qué casualidad.
En su saludo, Lucía pudo notar una clara distancia educada.
—¿Vienes a comprar regalos? —preguntó Gustavo, lanzando una mirada a la bolsa que ella sostenía.
—Sí —respondió Lucía con una sonrisa—. Mañana mi futura cuñada viene a cenar a la casa por primera vez, así que vine a comprarle un regalo.
Los ojos de Gustavo mostraron un destello de asombro. —¿Julio ya tiene novia formal?
—Sí —asintió ella—. Es una mujer maravillosa.
—Me lo imagino. Felicidades, parece que pronto tendrán boda en la familia —dijo Gustavo con una pequeña sonrisa. Hizo una pausa, como recordando algo, y luego clavó su mirada oscura en Lucía.

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